Por: Omar Cantú

Este método, relativamente nuevo, para la extracción de gas natural o petróleo del subsuelo, viene acompañado con una serie de rebotes nocivos para nuestro planeta y una gran pérdida de la consistencia de la superficie. A ese nivel llega este sistema, por ahora, uno de los más importantes para los grandes países que controlan la economía global.

Las perforaciones de miles de metros de profundidad, son inyectadas por grandes cantidades de agua. Imaginen ustedes 100,000 barricas de agua, que en algunas ocasiones podría casi duplicarse. Además, este líquido va acompañado de grandes cantidades de arena revuelta con diferentes químicos, para lograr que las fracturas en la roca perduren y, de esta forma, extraer con mayor facilidad el combustible.

La mezcla agua-arena y químicos, traen como consecuencia gran contaminación de los mantos acuíferos, afectando con esto el ecosistema. Es una forma rápida y sencilla de producir dinero negro, pero el costo ecológico a corto plazo, traerá un gran desorden en nuestro planeta: erosión por la contaminación, el vital líquido acuífero contaminado y, también, veremos una serie de derrumbes y terremotos que ya estaremos sobre aviso de dónde proceden.

El fracking, con alrededor de 8 a 10 años de práctica, ha dado como resultado miles de pozos profundos alrededor del planeta y con ellos grandes capas de rocas pulverizadas. En México, con las reformas energéticas, se dio paso a este método con perforaciones y desquebrajamientos hidráulicos en algunos Estados como Tamaulipas, punto estratégico, donde la cuenca de Burgos juega un papel muy importante, ya que su contenido del vital producto negro y gaseoso es de gran interés para los grupos inversionistas.

Nuestra tierra poco a poco está dejando de ser el paraíso idóneo para la vida humana, la pérdida de zonas verdes, la contaminación de aguas, una capa de ozono muy cuestionable, ha sido lo que el mismo hombre nos ha dejado.

Quizá los movimientos telúricos que últimamente se han suscitado en el área de San Fernando, sean producto de está nociva práctica. No dudemos que pronto surjan problemas de escasez de agua, por los grandes volúmenes que se necesitan para realizar dichos procesos.

Esto es la herencia que nuestras futuras generaciones recibirán, por lo tanto, ¿valdrá la pena continuar con estas prácticas? ¿Por qué dejar que los grandes controladores del mundo continúen dañando nuestro planeta? Tenemos nuevas tecnologías que fácilmente reemplazarían estas prácticas o métodos, la cuestión es hacer conciencia por nuestras futuras generaciones.

omarcanal@hotmail.com