leijaPor: Mtro. Enrique de Leija
Las llamadas cuotas de poder, son un fenómeno surgido de la democracia, pues los grupos sociales y legislativos tienen el monopolio de designación de las personas que habrán de integrar los órganos de decisión en el país.
Así es, pues las leyes lo disponen, para que las mayorías sean las responsables de conducir el poder de la nación (es un decir lo de las mayorías). Se supone que los representantes de esas mayorías sólo deben hacer los que sus representados les mandan.
Acuérdense que los representantes son los mandatarios y los representados somos los mandantes, nosotros mandamos por su conducto. Pero no siempre es así, ellos una vez electos votan según las indicaciones del dirigente de su Partido o de su líder parlamentario y sus intereses entran en conflicto; saben que si votan en contra de su líder pueden ser excluidos para futuros cargos políticos, pero también corren el riesgo de que sus representados ya no voten por ellos. Algunos legisladores votan diferente que la mayoría de sus compañeros de partido, con los riesgos que ello implica.
Vamos por partes, para el efecto de que votemos por nuestros representantes, surge un primer problema: no los proponemos nosotros como candidatos, lo hacen los Partidos Políticos, aunque últimamente se permiten los candidatos independientes. Pero, además, el segundo problema surge en quiénes son los que califican las elecciones.
Es como el conocido conflicto, “¿qué fue primero, el huevo o la gallina?”; los Partidos Políticos surgen de una ley, y ¿quién aprueba esa ley?: los Partidos que cuentan con las mayorías legislativas, las que tratan a toda costa de obtener cuotas de poder.
Si las Cámaras del Congreso se integran por legisladores de diferentes Partidos, el que tenga más legisladores es el que gana las votaciones en el Pleno y si las votaciones son para reformar la legislación electoral, pues ya sabrán qué partido se va a beneficiar más.
Pero no sólo los legisladores del Partido mayoritario obtienen las mencionadas cuotas de poder, los de segunda fuerza y hasta de tercera buscan negociar para que se les tome en cuenta en la toma de decisiones.
Ahora bien, ¿quién califica las elecciones por las que los legisladores llegan a ser parte del Congreso?: los organismos “autónomos electorales” (el INE y el TRIFE); y ¿quiénes designan a los miembros de esos organismos?: adivinaron, los propios legisladores que representan a los Partidos.
Entonces, ¿estarán despojados de interés político electoral los Consejeros y Magistrados Electorales?
Las negociaciones entre los Partidos mayoritarios representados en el Congreso se hacen de la siguiente manera: si son 7 Consejeros y el partido mayoritario va a votar por cada uno de ellos, lo lógico es que gane la mayoría de los mencionados funcionarios y aceptará alguna propuesta de otro partido, para que en futuras votaciones ese partido lo apoye en otro asunto, así con alianzas estratégicas obtiene beneficios para su causa.
Lo que quiere decir, que los miembros del INE y TRIFE son electos por los partidos que apoyaron su nombramiento. Eso no significa que por eso ya deben inclinar la balanza a favor de los mismos, pero surge la duda en caso de un voto decisivo en un caso polémico, porque los partidos van a tratar de influir en que ese voto sea a su favor.
Es de resaltar que los legisladores también nombran a otros organismos, no electorales, pero sí de trascendencia democrática, donde las decisiones internas de esas Instituciones se toman de manera colegiada.
En conclusión, las cuotas de poder son una realidad inocultable en cualquier sistema democrático.
¡Consummātum est!