Por: Julio Erazo Macías Rodríguez

En los albores de la guerra fría entre la ex U.R.S.S. y los Estados Unidos de América, muchas disputas han tenido y una de ellas ha sido la carrera espacial, en la que la ex U.R.S.S.  llevaba la ventaja, digamos en términos de tiempo y logros, dado que fueron los rusos los primeros en poner un ser humano en el espacio (Yuri Gagarin, 12 de abril de 1961) y los primeros en poner un satélite en órbita (Sputnik, 4 de octubre de 1957). La misma Unión Soviética puso las primeras estaciones espaciales alrededor de la tierra (Salyut 1, 19 de abril de 1971 y la MIR, 19 de febrero de 1986).

Desde entonces, los Estados Unidos no quisieron quedarse atrás y la NASA (National Aeronautics and Space Administration) comenzó a tomar fuerza en los años 80´s, después de que pusieran en el espacio con sus programas Apollo y el anuncio del tan controversial programa Guerra de las Galaxias, anunciado por el entonces presidente de los Estados Unidos, Ronald Reagan. En ese tiempo, surgieron interminables modelos de cohetes –naves- para poder salir al espacio; los más recientes que se conocieron son del tipo transbordador re utilizable como Atlantis y Challenger, que si bien es cierto eran muy confiables, el enorme gasto de mantenimiento para poderlo volver a poner en órbita era estratosférico.

Los tanques de combustible que hacían posible que estos transbordadores regresaran a una misión espacial, requerían de partes nuevas en cada lanzamiento, agregando la cantidad de combustible que necesitaban. Aunque el transbordador regresaba a tierra, sus grandes desventajas eran mayores: difíciles de rediseñar, repararlos para cada viaje era complejo, pistas largas para el aterrizaje y mucho personal para su operación.

En esta era, la carrera espacial se ha privatizado y surgió SPACE X, compañía que se trazó el objetivo de fabricar y poner en órbita cohetes reutilizables a menor costo. Lo novedoso: que el retorno y aterrizaje de los cohetes FLACON puede hacerse en espacios chicos, incluso en una plataforma en el mar, donde el cohete, con la misma propulsión amortigüe y se pose sobre la plataforma. En abril de 2015, el cohete FALCON 9 fue el primero que fue lanzado al espacio y en unos minutos devuelto a tierra, a una pequeña plataforma en el océano para aterrizar en forma vertical.

Anteriormente el programa GRASSHOPER fue el pionero de pruebas para lograr lo que el FLACON 9 ahora puede hacer.

El mayor de los costos es la construcción de los cohetes, pero no tanto como un transbordador, además de que el cohete puede ser lanzado varias veces en el día, mientras que el transbordador necesitaba de meses para preparar un lanzamiento. El mayor reto de SPACE X es utilizar el programa para los viajes interplanetarios donde puedan, por así decirlo, aterrizar en cualquier superficie sólida, añadiendo que el turismo espacial está cerca relativamente, para que la población civil que pueda costear un viaje fuera de la tierra. Por lo pronto será a los planetas cercanos a nuestra esfera, interactuar con tecnología del espacio y una posible colonización en Marte.

El 14 de enero de 2017, el FALCON 9 llevó 10 satélites de órbita baja de la compañía IRIDIUM de telecomunicaciones, regresando a tierra horas después de colocar los aparatos en órbita; fue el primer despegue importante para la cuestión comercial de SPACE X y seguramente uno de muchos.

La era espacial avanza a pasos gigantes, cuando antes eran décadas para los avances, ahora serán sólo unos pocos años para ver impresionantes hazañas.

Para los años 20´s de nuestra era, estará cerca el lanzamiento de los primeros humanos para la colonización de Marte, que tal vez nuestros hijos o nietos verán y probablemente visitarán.