Por: Deyanira González

El rostro del ex secretario de Hacienda Luis Videgaray Caso al momento de su salida, era un rostro de funcionario discreto y poco atractivo a los reflectores. Denotaba pérdida, al ser víctima de su errática decisión de llevar a cabo la reunión del presidente Enrique Peña Nieto con el entonces candidato republicano a la presidencia de Estados Unidos Donald Trump, hecho que provocó gran repudio por parte de los ciudadanos, visita del hombre que ha catalogado a los mexicanos como “violadores”.

La renuncia de Videgaray, el 7 de septiembre de 2016, a pocos días de organizar el encuentro, fue un hecho que marco en su rostro una imagen desgastada, tal vez porque los resultados de la visita del presidenciable estadounidense fueron completamente contrarios a lo que se esperaba. La justificante de su destitución no fue para nada beneficiosa, al decir que el puesto de Secretario de Hacienda requería de alguien fuerte y agresivo, en términos de decisión, muy a pesar de ser de los privilegiados en el gabinete de Peña Nieto.

Como sucesor fue nombrado José Antonio Meade, quien se desempeñaba como secretario de Desarrollo Social; a su vez, la Presidencia de la República dejaba en claro que ponía a consideración de la candidata demócrata de los Estados Unidos, Hillary Clinton, gozar de la misma invitación que Trump, cosa que jamás sucedió. Las elecciones presidenciales en los Estados Unidos llegaron, dando como resultado que el candidato republicano fuese el nuevo presidente norteamericano, con más de los 270 votos electorales necesarios para serlo.

Y tres meses después…

Luis Videgaray regresa al gobierno federal, pero ahora como titular de la Secretaría de Relaciones Exteriores, cargo en el que atenderá directamente las relaciones diplomáticas con el equipo del presidente electo Donald Trump. En contraste al mensaje del porqué dejaba de ser secretario de hacienda, Peña Nieto dejó ver que las tareas de Videgaray eran de gran responsabilidad, al entablar el diálogo con la nueva administración de Trump y tocar temas de seguridad, comercio e inversión entre ambos países. ¿Qué acaso un cargo así no requiere de alguien fuerte y agresivo en términos de decisión?

El rostro de Videgaray cambió, ahora es el de un diplomático con mayor seguridad y confianza quien, pese a su mensaje humilde de “vengo a aprender de ustedes, vengo a hacer equipo con ustedes en un momento en que México nos necesita a todos más que nunca”, lo pone en un escaparate mayor al de secretario de Hacienda. Como canciller de la Secretaría de Relaciones Exteriores, su primera reunión en Washington, aunque sin resultados productivos, sigue dando de qué hablar, con respecto a sus declaraciones sobre las negociaciones referentes a “El Muro” -que México no pagará el costo de dicho proyecto-; y el TLCAN, donde reconoció que es necesario renegociar.

Es así que el rostro del Doctor Luis Videgaray Caso, ahora con barba, bigote y con un “look” relajado y sabiendo que el puesto que ejerce lo pone en el ojo del huracán, lo ha llevado a resurgir como el ave fénix, no sólo como el primero en la lista de los funcionarios favoritos de Enrique Peña Nieto y representante de México ante el mundo, si no como el posible candidato del PRI a la Presidencia de la República en 2018.

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