Por: MELITON GUEVARA CASTILLO.

Cuando me entere de que las elecciones en Francia las gano Emmanuel Macron, un político de 39 años, casado con una mujer que le lleva 24 años de ventaja, reflexione, me puse a pensar, sobre la voluntad general (o popular) que nos explica Juan Jacobo Rousseau en “El Contrato Social”.

Pensé, vaya pues, en tres procesos electorales y como en sus resultados han provocado situaciones de conflicto, de antidesarrollo o como pueden generar un estado de ánimo enriquecedor. Pensé, si, en las elecciones de los Estados Unidos, en las de México y, obvio, en la que acaba de suceder en Francia.

DISCURSO DE CONFLICTO.

Donald Trump tiene un poco más de cien días gobernando al país que, se proclama, como el más poderoso: Estados Unidos. Los analistas y expertos señalan, por ejemplo, que Trump es una especie de antítesis de Barak Obama. Nos, en pocas palabras, nada diplomático y su discurso fue incendiario en el sentido de pretender recobrar para Estados Unidos el poderío de antes.

El discurso de Trump fue misógino y antidiscriminatorio. Enfoco sus baterías a crear más empleos internos y a despotricar en contra de los inmigrantes. Hoy en día, Tamaulipas, puede presumir que ha recibido más de 15 deportados por Nuevo Laredo, Reynosa y Tamaulipas. Y pensar, en serio, que buena parte de los votos que Trump obtuvo fue de mexicanos que se hicieron gringos. Está casado con una modelo que es 20 años menor.

DISCURSO DE POSITIVIDAD.

El pueblo francés, obvio, no es como el gringo ni como el mexicano. Su forma de pensar, de hacer política, tiene mucho que ver, vaya pues, con la forma de pensar, con su formación ideológica. Por ejemplo, allá están muy marcadas las tendencias tanto conservadoras y progresistas, al grado que han tenido a Presidentes de corte socialistas. Hoy, los franceses, eligieron a un centrista.

Así, con la elección de Emmanuel Macron, Francia da una lección de civilidad política, al elegir a quien, en este momento, les presento un programa de trabajo positivista; no hizo planteamientos negativos ni catastrofistas… y se ganó a la gente, no con un emblema partidista, lo hizo con un movimiento ciudadano que denomino “En marcha”. Y está casado con su exmaestra, 24 años mayor.

DISCURSO DE LA DEMAGOGIA.

El pueblo mexicano no puede avanzar en la construcción de una práctica política más desarrollada: es prácticamente el país más corrupto del planeta, tiene a los políticos más corruptos, pero además, hay un detalle: con todo y eso no estalla, no se genera, una reacción en contra de esos políticos. Hay, eso sí, mucha abstención, cuando lo más importante es votar. Y aquí, el caso de Enrique Peña Nieto, es el discurso de la demagogia, de las promesas que, parece mentira, el pueblo aún cree.

Después de 12 años de gobiernos panistas (Fox y Calderón) de no verse cambios sustantivos, estructurales, el mensaje de cambio que Enrique Peña Nieto ofreció y convenció a los electores fue un discurso demagógico, hueco, en razón a que los hechos, hoy en día, han demostrado que la corrupción no floreció, se hizo más patente, incalculable, en su gobierno. No hay la menor intención de acabar con la corrupción… porque la corrupción son ellos. Y está casado con una artista.

RESPONSABILIDAD CIUDADANA.

Los ciudadanos, convertidos en electores, tienen una responsabilidad: elegir a los mejores, para eso tienen que estar bien informados. Sin embargo, en el caso de México, la población mayoría pobre, una de extrema pobreza, son clientes electorales de la despensa, de los apoyos sociales y, ni la menor duda cabe, hasta de la compra-venta de votos. Así es como, en buena medida, se ganan elecciones.

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