Por: Karl Covián

Desde muy temprana edad conozco la existencia de la marihuana. El primer contacto que tuve con ella fue alrededor de los cuatro años, en casa de mi tatarabuela, cuando vi a lado de su cama un frasco de vidrio transparente con tapa metálica, el cual, supongo, originalmente habría contenido café soluble. En su interior contenía un líquido de color parecido al caramelo o la miel, en el que estaban sumergidas unas hojas verdosas extrañas y apretadas entre sí.

¿Para qué es eso abuelita Felipa? -pregunté curioso-, es para las “riumas”, hijito, me contestó con una sonrisa y sus ojos brillaron con picardía. Yo no sabía qué era eso de “riumas”, así que de nuevo pregunté y me contestó que “cuando una ya está vieja, le duele el pescuezo, las piernas, las canillas, y las rodillas, por eso tengo un frasco de alcohol con marihuana, para untarme en las tardes que me siento en la mecedora”.

Así como ella, era común que en los hogares tuvieran esos frascos de marihuana macerada en alcohol, para calmar dolores reumáticos, golpes, picaduras y otros malestares, sobre todo en las áreas rurales o en las ciudades que no había gran variedad de medicamentos o que eran muy costosos. Además, provenía de una tradición iniciada en tiempos de la conquista, con el intercambio de productos que trajeron los españoles.

Siempre hemos pensado que la marihuana se utilizaba en épocas prehispánicas, pero lo cierto es que fue un producto que llegó de Asia, como muchos otros (pimienta, comino, arroz, etc.) y éste fue adoptado -y adaptado- a las costumbres locales, en ese proceso denominado fastuosamente como mestizaje cultural.

Independientemente de todos los usos –legales o no- que tenga la marihuana, hoy en día regresa a la tradición medicinal mexicana, con su debida regulación legal, impulsada por el “DECRETO por el que se reforman y adicionan diversas disposiciones de la Ley General de Salud y del Código Penal Federal”, publicado en el Diario Oficial de la

Federación el 19 de junio de 2017.

(http://www.dof.gob.mx/nota_detalle.php?codigo=5487335&fecha=19/06/2017) Con este DECRETO, la Secretaría de Salud deberá regular el uso medicinal de los derivados farmacológicos entre los que se encuentra el tetrahidrocannabinol, sus isómeros y variantes estereoquímicas, también deberá normar la investigación y producción nacional de los mismos. De la misma manera, deberá regularse la siembra, cultivo o cosecha de plantas de marihuana y esta no será punible (castigada) cuando sea con fines médicos y científicos en los términos y condiciones de la autorización que para tal efecto emita el Ejecutivo Federal.

Después de que se prohibió su uso en 1920 y se criminalizó el mismo hacia 1940, la marihuana viene a integrar de nuevo la lista de remedios o medicamentos de uso cotidiano, ahora quizá en una presentación más sofisticada, pero que resultará milagrosa y sanadora como la consideraban nuestros antepasados.

Sólo que no será como en aquel chiste que me contaron, cuando la abuelita dice a su nieto:

-‘Ay’ sembré unas matitas de marihuana para las “riumas” hijo. El nieto se asoma al

patio trasero y, sorprendido, le contesta: – ¿¡Diez hectáreas abuelita!?

Gracias, hasta la próxima.