Por: Karl Covián

Si de canciones hablamos, la poesía –o lo poético- tiene mucho que ver en ellas. Pero, sin entrar en debates conceptuales, ambas –canción y poesía- tienen un poco de la otra. Existe una delgada línea que las separa, pero también las une, incluso a veces no podemos diferenciar entre una poesía y una canción cuando les damos lectura, porque la construcción literaria es similar.

Componer la letra de una canción requiere de habilidades poéticas, necesarias para generar emociones y que el público receptor se identifique con ellas. De igual forma, la poesía tiene una estructura rítmica, una cadencia que la lleva también a poder ser interpretada con música.

En la obra de Nicolás Guillén (1902-1989), considerado como el “Poeta Nacional de Cuba”, existen muchos poemas que llevan el simple título de “Canción”. A Guillén se le reconoce, principalmente, por introducir el tema negro a la poesía en lengua española, motivo que le hizo ganar el reconocimiento internacional, por enaltecer el espíritu de lucha de los seres humanos, así como su esperanza de conquistar una sociedad mejor.

Uno de tantos poemas que se llaman “Canción”, del autor mencionado, nos habla de aquellos que vamos por el mundo absortos, sin ver nuestro alrededor, distraídos con los problemas cotidianos -y ahora con los dispositivos móviles-, sin darnos permiso de ver que el mundo nos ofrece toda su belleza. Lo cito de manera textual:

“¡Qué triste es la vida/de aquél que no ve! /No ve la guitarra, /no ve la mujer, /ni el gorrión que huye/cuando va a llover, /ni la lagartija/sobre la pared.”

Pero quizá su “Canción” más reconocida es aquella que el cantautor –también cubano- Pablo Milanés hizo canción, es decir, le compuso música para interpretarla a ritmo de son. El tema es mayormente identificado como “De qué callada manera”; alegre y festiva, llena de flores, de compartir, de transmitir lo bello de la vida:

“¡De qué callada manera

se me adentra usted sonriendo

como si fuera

la primavera!

(Yo, muriendo.)

Y de qué modo sutil

me derramó en la camisa

todas las flores de abril.

¿Quién le dijo que yo era

risa siempre, nunca llanto,

como si fuera

la primavera?

(No soy tanto.)

En cambio, ¡qué espiritual

que usted me brinde una rosa

de su rosal principal!

¡De qué callada manera

se me adentra usted sonriendo

como si fuera

la primavera!

(Yo, muriendo.)”

“Canción” se acopla naturalmente a una partitura musical, al igual que otros poemas originalmente escritos para leer y recitarse, pero que han encontrado una melodía adecuada gracias al talento de buenos músicos. Entonces, si los poemas pueden hacerse canciones, también las canciones pueden ser poesía, pongamos el caso de Bob Dylan, quien este año recibió el Premio Nobel de Literatura por su calidad de composición.

Gracias, hasta la próxima.