La Organización Mundial de la Salud incluirá en 2018 esta condición al listado de Clasificación Internacional de Enfermedades, pues puede generar un significativo en ámbito social o personal.

Desde finales del siglo XIX el mundo médico ha sumado esfuerzos para intentar clasificar las enfermedades de la humanidad en un listado, junto a las causas que las generan y los síntomas que producen. Los registros se han ido actualizando poco a poco de la mano de la Organización Mundial de la Salud (OMS), que en 1992 publicó la última edición bajo el nombre de Clasificación Internacional de Enfermedades. El próximo año saldrá a la luz una nueva y vendrá con una inclusión: por primera vez sus páginas tendrán catalogado al trastorno por los videojuegos como una enfermedad mental.

Aunque hasta ahora se trata de un borrador que reveló el portal New Scientist, en el que aún no hay una definición concreta, el anuncio ha generado sorpresa. Para la OMS, como también lo anunció el diario El País, de España, este nuevo trastorno será calificado como tal cuando genere un deterioro significativo en el ámbito social, personal o familiar.

Como patología estará asociado a tres condiciones negativas: la primera está relacionada con la imposibilidad de controlar la frecuencia, duración, intensidad y contexto en el que se juega. La segunda, se refiere a la prioridad que se le da al videojuego frente a otras actividades vitales. Y la tercera, apunta a la posibilidad de que haya un aumento de esas conductas, a pesar de que las consecuencias negativas sean evidentes.

Como le dijo a New Scientist, Vladimir Poznyak, del Departamento de Salud Mental y Abuso de Sustancias de la OMS, es hora de reconocer las consecuencias para la salud que tiene este tipo de trastorno, ocasionado por el uso excesivo de las consolas. “El comportamiento del juego y otras características son normalmente evidentes durante un período de al menos 12 meses para que se asigne un diagnóstico, aunque la duración requerida puede acortarse si se cumplen todos los requisitos de diagnóstico y los síntomas son graves”, dice el borrador citado por El País.

Sin embargo, la idea de que la “adicción” a los videojuegos empiece a ser considerado como trastorno no convence a todo el gremio científico. En el Journal of Behavioral Addictions, por ejemplo, fue publicado a finales de 2016 un artículo firmado por 24 especialistas que pedían replantear esa categoría. Provenientes de diferentes universidades como la de Copenhague (Dinamarca), la Católica de Lovaina (Bélgica), la de Sídney (Australia) o la U. de Oxford (Reino Unido), mostraban su desacuerdo con la idea. Para ellos, aún no hay claridad sobre los problemas que pueden asociarse a este nuevo trastorno. Formalizar esa propuesta, escribían, puede tener repercusiones en negativas en materia médica, científica, de salud pública, social o de derechos humanos..

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