Lic.Ernesto Lerma, titular de la columna y sección periodística.

mi 8.5 de calificación a la cinta de Hollywood “Operación Red Sparrow” (Año: 2018, Cineasta/Director: Francis Lawrence, País: Estados Unidos, Género Fílmico: Acción/Aventura/Espionaje/Thriller, Duración: 140 Minutos, Clasificación: B 15, Guionista: Justin Haythe, Nombre/Titulo Original: “Red Sparrow”, Elenco/Reparto de Actores/Estrellas: Jennifer Lawrence/Joel Edgerton/Jeremy Irons/Charlotte Rampling/Mary-Louise Parker/Matthias Schoenaerts/Joely Richardson/Ciarán Hinds/Douglas Hodge)…Estupenda producción que aunque no deja los clichés y lugares comunes en este tipo de filmes en su forma, le da un logrado tono erótico por el obvio atractivo de su protagonista.

Tras rodar las últimas tres entregas de la popular saga “Los Juegos del Hambre”, la talentosa y guapa actriz/estrella del cine hollywoodense Jennifer Lawrence repite con el director Francis Lawrence en una cinta de espías que sorprende por su suspenso, por su violencia y obviamente por su alto contenido sexual. Esta película fue basada en el libro que es una primera entrega de una trilogía literaria, que supone el debut como escritor de Jason Matthews después de pasar 33 años en la CIA. En la sinopsis oficial de la trama, Dominika (Jennifer Lawrence) es una bella joven rusa reclutada para su voluntad para convertirla en un gorrión, es decir en una seductora del servicio secreto ruso. A pesar de su resistencia a perder su identidad personal, se convierte en uno de los mejores agentes y espías. Su primer objetivo será Nate (Joel Edgerton), quien esta a cargo de agentes infiltrados de la CIA en la agencia rusa de inteligencia. La espiral de atracción y engaño a la que se verán sometidos amenazará su seguridad y la de sus propios gobiernos. Para mi gusto esta producción cinematográfica aporta un agradable soplo de aire fresco al género de espías. No es ni una historia densa al estilo del gran escritor del genero John le Carré, ni tampoco cae en el abuso de gadgets o la acción adrenalínica que vemos en franquicias como las de “Jason Bourne”, “Misión: Imposible” o  la saga del agente “James Bond 007”. Se sitúa en un punto intermedio, pero a la vez, rompe moldes en la descripción de la violencia y las escenas de sexo sin ser estas gratuitas ni regocijarse en ellas. El marco, las tramas, son completamente creíbles. Esta es una muy buena historia de supervivencia y seducción con una irresistible Jennifer que tiene un rol central que me fascinó, ya que interpreta a un personaje solitario, forzada a salir adelante por sí misma. Dominika, la protagonista de la trama, es el ejemplo superlativo de esta clase de papeles en donde su belleza es explotada para seducir en el espionaje ruso.

Francis Lawrence extiende a todo el metraje y lo lleva maìs allaì, rozando en ocasiones en un impliìcito torture-porn, culminacioìn tonal, que no cliìmax, de una inquietante atmoìsfera general que aporta una coherencia estiliìstica al filme que es excesiva y avasalladora, maìs cercana a la serie televisiva “The Americans” que a las lecturas poliìticas de Le Carreì, “Operacion red Sparrow” es un rompecabezas en el que el sexo es la pieza clave y la traicioìn es el elemento esencial de su entramado narrativo. “Tu cuerpo es propiedad del estado”, dice el personaje de la veterana actriz Charlotte Rampling, en un momento del adiestramiento de la protagonista. Explicacioìn a una mirada sobre el sexo hiriente, desencantado, nunca placentero asiì como al poder que este otorga, en una cinta en la forma potente y en el fondo poliìticamente incorrecto, pese a que se justifique con una trama romaìntica que, en realidad, resta maìs que suma. En cualquier caso, este es una película arriesgada, diriìase que suicida, que, sin embargo, nos deja con el interrogante de saber queì habriìan hecho con este material directores con maìs muìsculo y mano izquierda como Brian De Palma o Paul Verhoeven. Y es que hay cintas que, ademaìs de por sus resultados o intenciones, pueden ser valoradas por su singularidad y significado en un momento y contexto social, industrial o narrativo concreto. Este es el caso de la cuarta colaboracioìn entre el cineasta Francis Lawrence y la actriz fenoìmeno global Jennifer Lawrence, en un mas que correcto thriller que de buenas a primeras parece cortado siguiendo los patrones que modelaron otras propuestas encabezadas por distintas versiones de James Bond o variaciones de Mata Hari desde la producción de Luc Besson “Nikita” (1990) a las maìs recientes de Hollywood “Salt” (2010) o “Atoìmica” (2017), pero que pronto se descubre en el cine de accioìn que se limita a cambiar el sexo de su protagonista, porque vapulea las convenciones geneìricas y se situìa constantemente a la contra de las expectativas del espectador, sin dar nunca lo que este espera y provocando un visionado tan perturbador,  como los mismos hechos que el filme relata. Que esto venga del equipo que filmo las uìltimas entregas del uìltimo gran fenoìmeno de cine literario adolescente no se puede pasar por alto. Maìs si tenemos en cuenta que el uìltimo trabajo de su hermosa protagonista, tambieìn desde las entranÞas de un gran estudio, fue otra cinta singular, poleìmica y recibida con criticas encontradas como “Madre!” (Darren Aronofsky, 2017), pero Jennifer Lawrence ha hecho maìs por atraer a un nuevo puìblico a la causa del buen cine adulto, que algunas grandes estrellas de la actual escena que llena las salas de un público adulto no sea una especie de misión imposible, con lo mejor que es el ver la edición/montaje paralelo inicial con su desgarrador final; pero también con lo peor en la superflua subtrama con la actriz Mary-Louise Parker.

Mi 8.5 de calificación a este estupendo filme bien dirigido por Francis Lawrence que lo abordo en un tono como si fuera una especie de cinta a la Alfred Hitchcock, como un retorno a una propuesta más formal en la que la tensión, la intriga o los misterios de los personajes se tradujeran también en la puesta en escena. Y, después, por el tratamiento de la violencia y el sexo dejando claro al estudio 20th Century Fox que tenía que ser una película clasificada R en Estados Unidos, no apta para menores de 17 años de edad si no van acompañados por un adulto. También por el buen desempeño histrionico para sus actores, que tienen unas escenas difíciles pero justificadas, por la historia y los personajes no es un típico thriller erótico en el que las escenas de sexo suponen un alto de la trama y un descanso para los espectadores. Y lo mismo con las escenas de acción: no hay set-pieces espectaculares que permitan desconectar. La intriga y la tensión viene por otro lado. Y la violencia es brutal, directa… pero siempre sugerida. No caemos en la fascinación ni la banalización cómica. Es el espectador el que crea su propio estado de shock ha sido que con Jennifer hemos trabajado una confianza mutua que hizo posible rodar un film tan arriesgado como este. No hay tantas películas de los estudios hollywoodenses pensadas para un público adulto.  Pese a que el mundo post Guerra Fría que Matthews retrata en su novela está basado en su experiencia como agente de campo, el personaje de Dominika Egorova, una primera bailarina del Bolshói quien, tras sufrir una grave lesión sobre el escenario, se ve obligada a ingresar en los servicios secretos rusos, es completamente ficticio. Quizá no pase a la historia del séptimo arte de los mejores filmes de espías, pero se agradece que por su atractivo visual de su estrella femenina llegue a destacar.