Por Deyaira González

Compartiendo con mi sobrino, un joven alto, mirando el atardecer, cuestiona: ¿Cuándo seré independiente? -le pregunto- ¿Qué es para ti ser independiente? Respondiendo rápidamente ¡ser libre! Y hoy mí querido lector quiero escribir sobre lo que derivó la charla.

Los jóvenes hoy en día ven la libertad más como un impulso que nada tiene que ver con la responsabilidad que conlleva no depender de los padres. Ustedes y yo mi querido lector puedo asegurar que a esa edad la libertad tenía un significado diferente, que estaba más relacionado con el de ser independiente, ese concepto estaba ligado a poder ir al cine, tener novia, pasear más allá de las dos o tres cuadras que abarcaba el barrio y de vez en cuando caer en la tentación de alguna bebida. Pero ni pensar en abandonar el hogar hasta no estar ciertamente seguros de poder con nuestra manutención, estos condicionamientos establecidos por nuestros padres que argumentaban que podíamos hablar de libertad cuando “pudiéramos encontrar nuestro propio sustento”.

Hoy en día la palabra libertad para los jóvenes significa estar separado de toda responsabilidad, sin embargo están acostumbrados a que todo les ha sido provisto, cuando ésta conciencia condicionada a no querer depender de las normas de los padres, pero si del apoyo económico; causa en nuestros jóvenes la sensación de sentirse esclavos.

Hemos acostumbrado a los hijos a que somos proveedores de lo más mínimo en sus vidas sin exigir nada a cambio, nos olvidamos de educarlos para ser responsables, no les hacemos saber que la libertad no asume ningún sentido si la responsabilidad no existe; que la libertad nos hace llevar una vida plena al tener la madurez para tomar decisiones que impacten en su futuro. Apreciar a jóvenes a casi días de entrar a una universidad y no saber que profesión elegir; muchas veces toman decisiones dejando llevarse por modas sociales o ejemplos familiares pero no optan por lo que como individuo quiera desempeñar en su vida.

Debemos tomar conciencia como padres en este proceso de crecimiento de nuestros jóvenes, saber que la adolescencia es más que cambios físicos, si no también psicológicos que les hacen desarrollar curiosidad respecto a su entorno.

Tomemos tiempo para enseñarles que exigir libertad es asumir responsabilidades mayores, pero no solo eso prepárelos inculcándole tareas diarias, actividades extra escolares y sobre todo a aceptar que todavía necesita vigilancia y dependencia de los padres, pero sin trasgredir sus deseos y aspiraciones, que muy al contrario deberá apoyar y guiar en caso de ser necesario, no hacerlo sentir supervisado si no que puede pedir un consejo; recuerde mi querido lector; la inmadurez es muy necesaria para que los adolescentes replanteen su comportamiento y se deriven acciones responsables.

Como lo menciona Márquez y Phillippi en su libro Características de la adolescencia: “El concepto de madurez respecto al adolescente no debe considerarse un estado fijo o el punto final de proceso de desarrollo;  la madurez es un término que denota el grado en que la persona descubre y es capaz de emplear recursos, que se hacen accesibles a él en el proceso de crecimiento”.

Debemos encontrar, mi querido lector, el punto medio en el que podamos vigilar y orientar a nuestros jóvenes sin vulnerar su independencia al grado que surja en ellos la necesidad de rechazar y querer huir de sus padres, esto hará que podamos formar jóvenes responsables con madurez suficiente para que se puedan sentir libres ¿verdad que si querido sobrino?