Por: MELITON GUEVARA CASTILLO.

CORRUPCION Y CINISMO.

Para buena parte de la gente, sobre todo los priistas de hueso  colorado, la decisión de quitar a Ochoa del PRI nacional llego demasiado tarde: tarde porque la distancia entre unos y otros candidatos, sobre todo de Meade a AMLO, es demasiada. Y por otra parte, independientemente de que la decisión la tomó el candidato; la cuestión es que tanto de cambio, en fondo y forma, se dará a partir de ese cambio.

Y por lo que vemos, los cambios no llegan hasta donde muestren que efectivamente, los habrá. Resulta que en el evento de Meade con los petroleros, ahí Carlos Romero Deschamps –cacique del sindicato-, hablo y hablo fuerte: parece mentira, sacado de un cuento de hadas, pero el líder reitero que Meade es el candidato apropiado, el que garantiza que en PEMEX regrese la confianza y se acabe la corrupción.

MONSTRUO DE LAS MIL CABEZAS.

En Tamaulipas cuando fue gobernador Manuel Cavazos Lerma ofreció, una y otra vez –en campaña y al inicio de su gobierno-, que daría muerte, acabaría con el monstruo de las mil cabezas, es decir, con la corrupción. Al paso de los días, semanas y años de su gobierno, las evidencias mostraron que no pudo, al grado que su sucesor, metió en prisión a Pedro Carrizales, uno de sus Secretarios predilectos, y al llegar a prisión declaro: “yo no me mandaba solo”.

Con lo anterior, solo quiero establecer que para acabar con la corrupción no basta el enunciado y los pronunciamientos, que no basta con quererlo, es necesario algo más que el simple deseo: la voluntad política de querer hacerlo. A partir de esta premisa, obvio, no creo que AMLO pueda con la corrupción. Requerirá, en principio, de instituciones fuertes, con titulares decididos y que cuenten con todo el apoyo político del poder. La corrupción tiene mil cabezas repartidas en los Estados y Municipios.

LA CORRUPCIÓN SOMOS TODOS.

Fue con Miguel de la Madrid Hurtado en campaña que la expresión se hizo frecuente, recurrente en todo tipo de eventos. Por eso nació, en su sexenio, la Contraloría federal; para intentar prevenir, eliminar de tajo, la corrupción. Sin embargo, han pasado sexenios y sexenios, y nada, incluso se hace más y más patente… como la generación de nuevos gobernadores que presumió Enrique Peña Nieto al inicio de su gobierno, y buena parte de ellos, hoy en día, están presos, otros están siendo procesos y unos más andan huyendo.

El Estado ha creado instituciones para combatir la corrupción. Lamentablemente no han funcionado, porque otras instituciones, del Presidente han respondido a los intereses políticos. El caso más evidente es el de Javier Duarte: desde el primer año de su gobierno las evidencias de desviación de recursos fueron patentes, la Auditoria Superior de la Federación, lo documento, hizo las denuncias correspondientes, pero la PGR hizo caso omiso y la SHCP siguió enviándole dinero para que lo desviara, se apropiara de el.

LA HONRADEZ DE LOS CANDIDATOS.

Los mexicanos, los electores, estamos ante la presencia de candidatos presidenciales que, todos, juran que van a combatir a la corrupción, por ser el lastre que más daña a la economía y al país entero. Sin embargo, visto a los candidatos, hay que matizar determinados hechos que derivan en debilidades para unos y otros.

  1. José Antonio Meade. El candidato, dicen, ciudadano del PRI, por un lado resalta, presume una y otra vez, que tiene más de 20 años en el servicio público y que no se ha manchado las manos. Esa imagen que quiere vender, lamentablemente, no va de la mano con decisiones y acciones que indiquen ese rumbo: el mayor lastre es su no deslinde de EPN, antes al contrario, así como los múltiples priistas que lo arropan con ese discurso, como el caso más reciente de Carlos Romero Deschamps, cacique del sindicato petrolero.
  2. Ricardo Anaya, el candidato del PAN, PRD y MC. De él se advierten cualidades como ser joven, brillante, buen orador; pero no hay nada que atestigüe que es honrado, incluso sobre el pende la cuestión de los 55 millones de pesos, de la bodega que, para unos, fue un mecanismo para lavar dinero, por cuyos actos ya sus socios están en problemas con la justicia. No puede presumir que ha cruzado el pantano y que no se manchó.
  3. Andrés Manuel López Obrador. Presume honradez y si bien cercanos han estado en las llamas de la corrupción, a él no le han encontrado nada, por eso una y otra vez, ante las embestidas políticas, de la guerra sucia, de la mafia del poder, se fortalece. Ofrece acabar con la corrupción y su arma, dice, es su propia honradez: que si el no roba, no robaran los gobernadores ni los alcaldes, ni el resto de los servidores públicos. No sabe, no quiere entender, que así, sus colaboradores, han de estar gustosos, les tocara de mas, la parte a repartir será mayor.

LA ESCORIA POLÍTICA.

Una de las críticas más fuertes son las actitudes de AMLO hacia quienes, en otros tiempos, el mismo acuso de ser corruptos; ya cambiaron, afirma AMLO, todo mundo tiene una segunda oportunidad. La cuestión es que, es solo retorica en este momento. Para algunos, obvio, no simpatizantes de AMLO, resulta que los nuevos acompañantes de MORENA, de AMLO, en la lucha presidencial son la escoria del PRI como del PAN. Así, de este tamaño, es la visión que se tiene de buena parte de los nuevos compañeros de AMLO.