Con técnicas de edición de genes cada vez más económicas y accesibles, trabajos como el de Dan Carlson se perfilan a transformar el mundo.

Carlson junto a Buri, toro con un gen editado. Michael Short / Bloomberg

Durante nueve meses de nerviosismo que comenzaron en el verano de 2014, Dan Carlson esperó a que nacieran sus experimentos de laboratorio. Carlson y su equipo de la empresa de biotecnología Recombinetics habían realizado una pequeña modificación en el código genético del ganado lechero en un intento por evitar que le crecieran cuernos. Ahora, ese ADN editado se estaba multiplicando en las células de los fetos que crecían en sus madres sustitutas.

Nadie había intentado esto, por lo que no estaba claro si funcionaría. Y en comparación con el puñado de días que lleva completar el corte y pegado de genes en platos de cultivo, los meses de los embarazos fueron terriblemente lentos. “Esperas que salga sin cuernos o remanencias de cuernos, pero simplemente no lo sabes”, dice Carlson.

Como es común con los animales clonados, la mayoría de los embriones no se concretó. Pero Buri y Spotigy, dos terneros nacidos en abril de 2015, estaban libres de las protuberancias que finalmente brotan en cuernos.

Eso significaba que librarían el destino de millones de crías de ganado en Estados Unidos, cuyos cuernos se destruyen con hierro caliente o pasta tóxica poco después de nacer o se cortan cuando son mayores. El doloroso procedimiento se realiza para evitar que las vacas se corneen entre ellas o a sus cuidadores humanos, pero la PETA y otros grupos de protección animal se oponen vociferantemente. (PETA tampoco defiende la edición genética, pues considera que se trata de experimentación con animales).

Científicos como Carlson, que están manipulando el ADN no solo para mejorar el bienestar de los animales, también para crear mejores cultivos y tratar enfermedades humanas, son de lo más popular en la actualidad de la biotecnología. Las ofertas de empleo en EU para la profesión aumentaron 64 por ciento en los últimos dos años, según el sitio Indeed.com.

Personas como Carlson pueden hacer este trabajo gracias a dos métodos, descubiertos hace menos de una década, que han hecho que la edición de genes sea más económica y fácil. (La técnica usada para desarrollar las vacas sin cuernos de Carlson se llama TALEN; la más famosa, que apareció un poco más tarde, se llama CRISPR.) Carlson ahora está involucrado en varios proyectos que emplean edición de genes en animales, incluyendo uno que evita que los cerdos lleguen a la pubertad así que no necesitan ser castrados.

Carlson se fascinó por primera vez con la genética cuando estudiaba la secundaria y su padre comenzó a plantar maíz genéticamente modificado. “Eran más altos. No tuvieron ningún problema para ponerse de pie. En esencia, fueron la mejor cosecha que he visto producir a mi padre”, recuerda Carlson, quien obtuvo su doctorado en ciencias animales con énfasis en biotecnología y genética molecular. “A partir de ese momento, pensé: ‘Esta tecnología es real. Realmente puede hacer la diferencia’”.

Antes de que estos científicos cambien el mundo, deberán persuadir al gobierno y a los escépticos de que la edición genética es segura. En EU, el Departamento de Agricultura y la Administración de Alimentos y Medicamentos han tomado distintas posturas. El primero ha sido de ‘manos libres’; el segundo propuso en 2017 directrices que tratarían la edición de genes en animales como un tipo de droga y requerirían que las empresas busquen su aprobación para introducir animales alterados al suministro de alimentos.

Ni Spotigy ni Buri están vivos hoy. El primero fue sacrificado el año pasado para que los científicos pudieran examinar su carne (era normal). Buri fue sacrificado el mes pasado, pero antes fue padre de seis terneros sin cuernos. Una, llamada Princesa, debería tener edad suficiente en poco más de un año para tener sus propios terneros y comenzar a producir leche. Recombinetics planea examinar la leche en busca de signos de anormalidades.

Carlson confía tanto en la seguridad de la leche que dice que no dudaría en dársela a sus tres hijos. Jennifer Kuzma, codirectora del Centro de Ingeniería Genética y Sociedad en la Universidad Estatal de Carolina del Norte, es más cautelosa. Señala que las herramientas de edición de genes a veces se equivocan al hacer inserciones o eliminaciones en partes no deseadas del genoma (el equipo de Carlson buscó estos eventos llamados “fuera del objetivo” y no encontró ninguno). La clonación de células, que a menudo es esencial en la edición de genes, también puede producir anomalías, dice.

Kuzma también señala que debe haber una conversación más amplia sobre la ética subyacente de la tecnología. “Con estas técnicas de ingeniería genética cada vez más fáciles de implementar y más poderosas también, nos encontramos en un punto crítico donde las cosas podrían cambiar en el mundo natural”, considera.

En mayo, Recombinetics se acercó a la comercialización de su tecnología, anunciando una asociación con el distribuidor de semen canadiense Semex. Las dos firman planean pasar los próximos años trabajando con reguladores en Canadá y EU. Sin obstáculos significativos, podemos vivir en un mundo en 20 años en el que ninguna vaca necesitaría ser descornada, asegura Carlson. “Si esta variedad de animales despega, depende del gobierno y de la aceptación pública”, dice.

Fuente: www.elfinanciero.com