Con las vibraciones y ondas de las estrellas, los especialistas pueden establecer su composición, edad y saber cómo contribuyen a la evolución de la Vía Láctea.

Así como los médicos usan el estetoscopio para oír los latidos del corazón, los científicos mediante telescopios pueden “escuchar” el ruido de las estrellas, con el cual pueden establecer su composición, edad, tamaño, además de saber cómo contribuyen a la evolución de la Vía Láctea.

Las estrellas de mayor tamaño producen sonidos más bajos y profundos, como tubas y contrabajos. Los astros pequeños tienen voces agudas, como flautas.

La técnica empleada por los científicos para comprender estas armonías se llama astrosismología, donde a través de las ondas estelares, que producen vibraciones o “terremotos de estrellas”, se revela el funcionamiento interno secreto de los astros.

“Estamos utilizando la sismología para proporcionar una caracterización exquisita de las estrellas anfitrionas y, por lo tanto, de los planetas, descubrimos”, dijo el profesor de astrofísica en la Universidad de Birmingham, Reino Unido, William Chaplin.

La agencia espacial estadounidense detalló que de la misma forma como las burbujas se elevan en una olla de agua hirviendo, las ondas sonoras se mueven en el interior de una estrella debido a los cambios de temperatura.

El proceso anterior comienza en el área de convección de la estrella, que es el 30 por ciento superior del volumen de una si es similar al Sol.

El gas caliente se mueve hacia arriba hasta la superficie de la estrella, donde se enfría y vuelve a caer. La convección, este movimiento de calor que sube y baja, crea ondas que rebotan en la estrella de diferentes maneras.

Las ondas impulsadas por convección hacen que toda la estrella se expanda y contraiga, en efecto, que suena como una campana. En el Sol, una ola típica completa un ciclo en cinco minutos.

En estrellas similares al Sol, cualquier ola dada dura unos pocos días, sin embargo, debido a que surgen nuevas olas todo el tiempo, las estrellas siempre vibran, planteó la NASA.

Los gigantes rojos, que son docenas de veces el tamaño del Sol, tienen ondas de frecuencia más baja que pueden propagarse por semanas o meses.

Al estudiar estrellas de diversas edades, los científicos aprenden sobre lo que le sucederá a nuestro Sol a medida que envejece.

Fuente: www.elfinanciero.com