Por: Lic.Ernesto Lerma, titular de la columna y sección periodística.
Mi 7.5 de calificación a la popular cinta hollywoodense “La Monja” (Año: 2018, Nombre/Título Original: “The Nun”, Cineasta/Director: Corin Hardy, País: Estados Unidos, Genero Fílmico: Drama/Horror/Suspenso/Terror, Duración: 96 Minutos, Elenco/Reparto de Actores/Estrellas: Taissa Farmiga/Demian Bichir/Bonnie Aarons/Charlotte Hope/Ingrid Bisu/Jonas Bloquet/Jonny Coyne/Manuela Ciucur/Jared Morgan/Sandra Teles, Clasificación: B, Guionista: Gary Dauberman)…Película solo apta para los fanáticos de la taquillera saga “El Conjuro” como un pasable spin off que en el fondo no llega a asustar del todo, a pesar de su buen nivel de producción en su forma.
Así como lo que empezó con una mas que correcta y estupenda película en el genero del terror clásico en “El Conjuro” (2013) siempre nos esperanzamos de que las demás cintas de la saga estuvieran a su altura con los diversos spin off en torno al mundo de la pareja de esposos Warren con algo de esperanzas que sin embargo no tardan en traicionarse y es que, por el momento, no existe un filme a ese nivel y ya sucedió con la popular pero penosa franquicia de la muñeca “Anabelle” con quien “La Monja” comparte al guionista Gary Dauberman, que se desprende de la familia de la imponente serie filmica y que logre estar medianamente a su altura. Con guiones pobres en este caso que van dirigidos a un perfil de publico adolescente y adultos sólo con ánimo de taquilleras recaudaciones. Este es el segundo personaje que se desprende de las películas de “El Conjuro”. Primero tuvimos “Annabelle” (2014), centrada en la muñeca que conocimos en la primera cinta sobre los Warren. Ahora tocó el turno a la terrorífica figura de una monja poseída, y llega de la mano del director Corin Hardy, con las actuaciones estelares de Taissa Farmiga como la hermana Irene y Demián Bichir en el papel del Padre Burke. En la sinopsis oficial en la historia de este filme, cuando una monja en una abadía de Rumanía se quita la vida, el Vaticano envía un sacerdote (Demian Bichir) con un pasado atormentado y una joven novicia (Taissa Farmiga) en el umbral de sus votos perpetuos para investigar los sucesos. Juntos descubren el secreto impío de la orden, confrontando una fuerza malévola en la forma de la misma monja demoníaca (Bonnie Aarons) de la película “El Conjuro 2” (2016), en una terrible confrontación entre el mundo de los vivos y el de los muertos que se producirá con su llegada al convento. En cierta manera “La Monja” es un todo disfrute y un alivio. Lo es si llegas a ella por casualidad. Y lo es, sobre todo, si te gusta el buen cine de terror y tu mirada sobre él no es ni selectiva ni muy exigente. Este spin-off de la franquicia abierta con “Anabelle” dedicado ahora a la monja que se escapaba del lienzo en una de las mejores escenas de la magnífica “El Conjuro 2” (2016); que es segunda parte oficial de la saga, es un disfrute de distintas maneras. Lo es por el fantasma de la bruja, como un combinado de referentes poco recordados por el cine de terror contemporáneo y como hermosa pesadilla visual a ratos extrañamente abstracta. Y es que a diferencia de otras cintas de este universo como “El Conjuro” o “Annabelle”, el personaje de “La Monja” está inspirado en una entidad maligna que Lorraine Warren decía que la acosaba. La demonóloga describía a esta entidad como el vórtice de un tornado y en medio una figura encapuchada, según contó a la prensa y medios de comunicación el mismo cineasta, productor y guionista James Wan de la franquicia durante la promoción internacional de “El Conjuro 2”. En la cinta, el personaje demoníaco conocido como “La Monja”, es en realidad un demonio llamado Valak, quien ha decidido manifestarse en esa forma. ¿Cómo y por qué? Aun no lo sabemos todavía, pero seguro habrá muchas más sorpresas que podrán conectar con las otras cintas del universo Warren que la empresa Warner Bros seguramente realizara.
Toda película de terror que se precie de serlo tiene una primera secuencia que debe enganchar al público. Ésta debe presentar el escenario al que estamos a punto de entrar y “La Monja” no es la excepción. En cuanto comienza el filme ya estamos completamente inmersos en un convento de hermanas religiosas que están por enfrentarse al verdadero mal en la trama de la cinta que ya puede presumir de spin-off de la diabólica religiosa de los Expedientes Warren cuyo prólogo y epílogo enlazan con tan superpoblada saga, tarea que ha sido encomendada al cineasta Corin Hardy, que tan buena impresión dejó con su opera prima “The Hallow”, y al guionista Gary Dauberman, responsable de la exitosa adaptación de “It” (2017), además de dar cuerda narrativa a la muñeca “Annabelle”, otro hit de la factoría del director y productor James Wan que es gente de plena confianza en el género, como vemos, que han optado hábilmente por darle una capa de terror gótico a la europea sin ser nada profundo a las maldiciones ancestrales de una abadía rumana donde acuden un sacerdote y una novicia con Bichir y Farmiga, metidos muy bien en sus papeles para investigar y sellar las grietas malignas. Podría decirse que Hardy y Dauberman han confiado demasiado en el impacto visual de sus personajes y sus localizaciones a la hora de urdir una trama no demasiado exigente, aunque se agradecen ecos literarios clásicos a escritores como Matthew Lewis, Sheridan Le Fanu o el gran Edgar Allan Poe del enterramiento prematuro. Pero un constante encadenado de sustos ultradecibélicos, hallazgos ya presentes en otras entregas de la franquicia y sombras más o menos telegrafiadas con más comedia involuntaria por parte del fantasma, nos condenan a aguardar el clímax final, algo potente. En definitiva, una de las piezas menos brillantes del relicario “El Conjuro”. Modesta aunque digna serie B, menos terrorífica de lo que cabría esperar. Ya que el guion de “La Monja” es sencillo, los sustos son clásicos y los recursos para espantar sobre todo en la utilización de efectos de sonido son bastante convencionales. Pero no es cuestión de rutina o de pereza. Hardy se revela seguro con su juguete de terror, no tiene el complejo de inferioridad de los directores que creen que deben llevar el terror a una dimensión más insigne para destacar. No busca la originalidad, sino la eficacia. Y en ese aspecto “La Monja” es algo eficaz y, por honesta y sin complejos, aunque accidentalmente sofisticada. En realidad funciona como una macabra atracción de feria, con sus terrores detrás de la puerta, su iconografía perturbadora con el uso de la iconografía religiosa que es extraordinario, sus gritos en la oreja y el aire congelado en la nuca y sus apariciones inesperadas de personajes escalofriantes. Igual no se ajusta al patrón estético y a las corrientes temáticas del terror comercial contemporáneo aunque hay cierta confusión ahí, porque ese patrón es bastante más flexible que en otras épocas, pero su maquinaria funciona tan bien que ni expulsa al no iniciado ni exige demasiada complicidad. Lo mismo pasa con su naturaleza referencial. Porque en “La Monja” se encuentran, entre otras cosas, la influencia en los filmes de la compañía inglesa Hammer con los decorados, que son una maravilla, la utilización de la luz, la nunsploitation, los exploits italianos de terror de los años 70, así como las películas de Lucio Fulci, el fantaterror español. Pero, por extraño que parezca, el resultado no es un ejercicio de nostalgia rancio y excluyente. Y es así porque todo lo demás funciona, y porque esas referencias se funden con el relato, no son guiños cómplices ocasionales. Antes aludía a su condición de hermosa pesadilla visual, otra de las cosas que distingue a “La Monja”. Hardy orquesta el horror con dinámico pulso y muy buen gusto, alcanzando en algunas escenas una sofisticación inesperada en la puesta en escena, la coreografía de los elementos en plano secuencias y en el uso de la edición/montaje de la pesadilla. Un estilo que a ratos bordea con timidez el experimento que le acerca esporádicamente al inmenso James Wan, padre de la saga aquí ejerce de artífice de la historia con Gary Dauberman, ademas de productor y director de segunda unidad e impulsor de una de las franquicias más estimulantes del cine de terror contemporáneo. En la forma de términos técnicos, la película tiene un gran diseño de producción, con locaciones mucho más cinematográficas y alejadas de Estados Unidos. Las construcciones europeas son un elemento muy interesante, pero desafortunadamente no terminan de lucir lo suficiente, pues se abusa de una fotografía muy lúgubre y que peca de oscura. Obviamente entendemos que esta es una lógica película de terror y no una comedia romántica, pero tampoco hay que exagerar con lo poco que vemos en pantalla pues desaprovecha una gran oportunidad de presentarnos un episodio de origen terrorífico y mucho más arriesgado. Aun cuando en la forma en que esta película se conecta con el resto del universo de “El Conjuro” es por demás ingeniosa, queda algo lejos de otras entregas de la taquillera saga, como “El Conjuro 2” o incluso la segunda parte de “Annabelle: La Creación” (2017).
 
 
Mi 7.5 de calificación a “La Monja” por su director Corin Hardy que ya tiene a sus espaldas otro filme de terror, “Los Hijos del diablo” (2015), en esta ocasión no ajusticia la figura femenina de la devota maldita de Cristo que sí supo espantar con su presencia en “El conjuro 2”. Tal vez le resultó difícil hacer una historia alarmante que se sostenga alrededor del mítico personaje de la monja que sólo se queda en la superficialidad de sus locaciones y en las limitadas actuaciones de la novicia de turno Taissa Farmiga quien es la hermana menor de Vera, quien encarna a Lorraine Warren y el cura exorcista Demián Bichir un muy buen actor mexicano que parece que agarra cualquier propuesta que se le ofrece, de ahí su filmografía es tan incongruente como este presente ejemplo. Tampoco voy a acusar a “La Monja” de ser una total basura en las arcas del género, ya que al menos la salvan los pequeños pasajes que enganchan los estudios que realizaban los Warren en “El Conjuro” o de cierta tipografía en los créditos que recuerdan a las clásicas películas de terror en la década de los años 70’s. Sin embargo, la narración resulta tibia, llena de lugares comunes y sustos predecibles. No se anima a apostar por más y nada aporta el tener a James Wan como guionista o de productor ejecutivo. Lo que lleva a pensar a estas alturas que al director asiático como alguien desinteresado, sin una pizquita de corazón, que prefiere sólo poner su firma o participar de mala gana. ¿Por celos a que le quiten su corona? Ese sí que es un enigma Warren. Tal vez los paisajes boscosos de la rural Rumania y una abadía ruinosa ayuden a darle un puntito más al misterio que encierra la historia, pero no alcanza a esta versión que busca homenajear de alguna forma a Drácula, según las palabras del propio Hardy. “La Monja” esta proyectándose por las salas de los cines en todo el mundo dejando un sinsabor que no contenta ni al espectador menos exigente, y a Hardy con la presión del público que busca que su próximo filme, sea más interesante. Lo mejor que tiene esta cinta es su identidad propia y, a la vez, dialoga con la saga, pero con lo peor que confunde su sencillez con la rutina de otros filmes del genero. Todo su elenco ofrecen actuaciones sólidas logrando sacar adelante algunos diálogos que pecan de risibles y un tanto cliché. Pero otro detalle que cambia el tono del universo de “El Conjuro” en esta película, es que mientras se ha jugado con la idea de las posesiones demoníacas y de aspectos sobrenaturales, jamás se había ido tan al extremo como en esta ocasión, pues juega con elementos que rayan más en lo fantástico que en el terror mismo. Al final no es que esté mal, pues hemos tenido un sinfín de producciones que mezclan todos estos elementos a la perfección, pero se pierde el tono que ya bien se habia construido el universo de “El Conjuro”.
 
Lic.Ernesto Lerma, titular de la sección y columna periodística.