El principio de no intervención no impidió que México se manifestara contra las dictaduras en Chile y España; hoy, en cambio, el uso político de esta doctrina deja al país ante una deuda humanitaria.

Desde 1930, México ha sido señalado como un país tibio en ese campo de batalla que otros llaman diplomacia.

Cobijado por la Doctrina Estrada, los gobiernos han conducido su política exterior bajo los principios de la “no intervención” y “el derecho de autodeterminación de los pueblos”. De esta manera, se decía, México mantenía relaciones diplomáticas con todos los gobiernos del mundo sin tener que negar o reconocer la legitimidad internacional de los regímenes políticos.

Sin embargo, el presidente Andrés Manuel López Obrador ha utilizado esta doctrina -observan en entrevista expertos consultados por El Financiero- para ajustar la política exterior de su gobierno a sus intereses ideológicos y a una agenda política que favorezca sus índices de popularidad.

“La Doctrina Estrada siempre tuvo inmensos agujeros legales frente al derecho internacional. En ese sentido, la doctrina resulta ahora un instrumento muy útil para implementar una política exterior ideológicamente acorde con el gobierno de López Obrador, pero insostenible desde el punto de vista de los derechos humanos”, explica la internacionalista Isabel Turrent.

Aunque AMLO nunca ha dicho explícitamente que respalda al gobierno de Nicolás Maduro en la crisis política por la que atraviesa Venezuela, ayer por la mañana dijo: “Ya pasó el tiempo en el que desde el extranjero se ponían o quitaban presidentes al antojo de las hegemonías. Eso no. O sea, son otros tiempos. Los pueblos tienen que autodeterminarse. Eso es lo más adecuado, no es estar a favor o en contra, es no intervención, autodeterminación de los pueblos”.

Sus palabras han levantado polémica de cara a las observaciones internacionales que Maduro enfrenta en organismos como Amnistía Internacional y la Organización de Estados Americanos (OEA).

“Esta postura deja a México en un club muy poco recomendable, en el que estamos acompañados por Rusia, Turquía y Bolivia, países que tienen intereses económicos y comerciales muy concretos con Venezuela: el intercambio de oro en el caso de los turcos y las inversiones multimillonarias en la industria petrolera en el caso de los rusos”, asegura Turrent.

Además, resulta contradictorio que el gobierno de AMLO, que siempre se ha jactado de una postura moral en favor de la soberanía de los pueblos —observa el experto en estudios latinoamericanos e investigador del Instituto de Investigaciones Sociales de la UNAM, Raúl Trejo Delarbre— cierre los ojos ante la crisis social y económica que aqueja al país sudamericano, de donde han tenido que emigrar alrededor de 2.5 millones de personas en el último año, de acuerdo con datos de la ACNUR.

“Hay una falta de vigencia y de congruencia en la interpretación que le da el actual gobierno mexicano a la Doctrina Estrada, ya que ésta nunca ha sido impedimento para que México se solidarice con las causas válidas”, dice Trejo Delarbre. Gracias a esta medida —implementada en 1930 por el ex secretario de Relaciones Exteriores, Genaro Estrada, durante el sexenio de Pascual Ortiz Rubio— el país acogió a los republicanos españoles durante la dictadura de Francisco Franco y recibió también a miles de argentinos y chilenos que escapaban de las dictaduras de sus países en las décadas de 1970 y 1980, agrega.

“AMLO le ha dado un uso muy penoso a esta doctrina. La cancillería mexicana se ha amparado en ella para no impugnar gobiernos dictatoriales. El uso histórico de esta postura lo demuestra: Lázaro Cárdenas la aprovechó y no la encontró contradictoria para dar su respaldo a la República Española. El uso que hoy se le está dando pretende colocar a México en una cápsula, como si el país no estuviera inmerso en un proceso de globalización y de respeto a los derechos humanos”, puntualiza Trejo Delarbre.

La internacionalista y catedrática de la UNAM Ismene Ithai Bras considera que México debió haber adoptado una postura verdaderamente neutral en la que se pusiera al servicio del pueblo venezolano sin tomar en cuenta los conflictos políticos entre las facciones de Nicolás Maduro y el presidente encargado de Venezuela Juan Guaidó. Algo similar a lo que ayer hizo el gobierno alemán, que puso a disposición cinco millones de euros de ayuda humanitaria y que ofreció asilo a los desplazados.

La Doctrina Estrada, afirma Bras, debe servir como principio, no como mecanismo. Si en verdad AMLO quería ser congruente con ella, dice, México debió solidarizarse con la sociedad civil, fungir como interlocutor entre Maduro y Guaidó y proporcionar alimentos, médicos, incluso sus embajadas para posibles solicitudes de asilo. “Sin embargo —observa— lo que vemos es un uso político de la doctrina por parte del gobierno mexicano para comprometerse con una izquierda que está muy lejos de representar los valores democráticos”.

La situación resulta además contradictoria porque en el pasado México sí decidió manifestarse en contra de las dictaduras de Juan Orlando Hernández en Honduras, de Augusto Pinochet en Chile o de Francisco Franco en España.

¿Por qué entonces respaldar a Nicolás Maduro, quien ante la Corte Penal Internacional de La Haya está acusado de crímenes de lesa humanidad por haber provocado más de 8 mil asesinatos y alrededor de 17 mil detenciones arbitrarias?

“Cuando en México alguien habla de la Doctrina Estrada siempre sucede que hay una agenda política detrás que se puede usar para todo. La gente que verdaderamente conoce de política exterior sabe que la Doctrina no se toma muy en serio: es algo que utilizan los políticos que no tienen nada que decir. En el caso de AMLO, es obvio que se está utilizando para una agenda política”, asegura el ex canciller e internacionalista Jorge G. Castañeda, quien considera a esta doctrina una especie de “anacronismo”.

Turrent recuerda que, en principio, la Doctrina Estrada fue formulada para evitar que Estados Unidos se inmiscuyera en los asuntos de México. “Fue más una posición defensiva que un diseño de política exterior. No entiendo cómo un gobierno que echa mano de la Doctrina Estrada para seguir reconociendo un tirano sangriento como Maduro se queda callado frente a las declaraciones de Trump y no implementa una defensa de los millones de mexicanos indocumentados que viven allá. No entiendo en qué tiempo cree que gobierna AMLO”, concluye.

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