La realidad que vive el país ha obligado al escritor a hacer un llamado urgente: reflexionar sobre la palabra.

El 2 de abril de 2011, frente a la ofrenda en honor de Juan Francisco, su hijo asesinado, Javier Sicilia anunció que no volvería a escribir poesía. La realidad mexicana, dijo entonces, no era digna de ella.

Casi ocho años después, esa misma realidad ha obligado al escritor a hacer un llamado urgente: reflexionar sobre la palabra. “Por mi condición de poeta, de hombre que se ha formado en las letras, que tiene, por lo mismo, una mirada muy fina de lo que significan las palabras, veo que precisamente uno de los gran des problemas que atraviesa este país, expresado en sus terribles violencias y en la destrucción de sus instituciones, tiene que ver con el lenguaje”, dice el pensador en entrevista.

En 2016, Javier Sicilia publicó su último libro, El deshabitado (Grijalbo, 2016), novela en que relató la muerte de su hijo con la de seis personas más aquel fatídico 27 de marzo de 2011 en Morelos. Fecha también en que se tornó activista social y dejó la escritura poética. Sólo la escritura. Porque la poesía, asegura, fue el sostén del Movimiento por la Paz con Justicia y Dignidad que fundó a raíz de la muerte de Juan Francisco. Con ella tomó las calles. Y elevó la pa-labra coloquial: “Estamos hasta la madre”. Con esta frase Javier Sicilia atravesó el país. En la primera marcha, que salió de Cuernavaca al Zócalo capitalino el 6 de abril de 2011, 20 mil personas lo acompañaron, la mayoría familiares de víctimas del crimen organizado. En los meses siguientes, la caravana se hizo nacional y llegó a Estados Unidos.

El movimiento pacifista de Sicilia, al que se unió gran parte de la comunidad artística, logró la aprobación de la Ley General de Víctimas en marzo de 2013. Y dos meses después, en Coatzacoalcos, fueron aprehendidos los autores del crimen, miembros del Cártel del Pacífico. La palabra poética -la más potente forma del lenguaje- ha ganado, pues, varias batallas. “Los dos grandes movimientos que este país ha tenido en los últimos 25 años tienen que ver con la poesía: el Zapatismo y el Movimiento por la Paz”, afirma el también ensayista.

“Aunque les duela a mis camaradas, Marcos es un poeta: mira como poeta, creó símbolos como poeta y logró destruir y poner en crisis el lenguaje unívoco del poder neoliberal, en ese momento de Carlos Salinas. Y nosotros logramos romper el argumento terrible que manejaban el presidente Calderón y la clase política de que ‘se están matando entre ellos y no importa, porque son criminales’”.


“Los dos grandes movimientos que este país ha tenido en los últimos 25 años tienen que ver con la poesía: el Zapatismo y el Movimiento por la Paz”
La poesía -agrega- tiene que estar en el ámbito público porque es la palabra lo que da sentido a lo humano. “Lo decía muy bien Octavio Paz resumiendo siglos del pensamiento romántico: ‘el mundo de los seres humanos está hecho de palabras’. Y las sociedades donde éstas se corrompen, decía también Paz, se expresan como prostitución y desastre”.

Es ante esta urgencia de revaloración del lenguaje que Javier Sicilia impartirá, el mes próximo, el curso La crisis del sentido. Un atisbo a la poesía y el silencio, en la UNAM, y que prepara la publicación de siete ensayos sobre el mismo tema. Y es que, explica, en medio de la crisis de significación que provocan las violencias más extremas, también hay que dar espacio también al silencio. “Olvidamos que el lenguaje está hecho de sonidos y silencios. Lo podemos ver con la palabra escrita: los blancos que hay entre letras son silencios, que son los nudos de los sonidos. Y en la relación entre ambos, está el significado. Habría que preservar la laguna del silencio”, considera el autor de Vestigios.


“(…) de 100 palabras, 30 son majaderías; con eso no se puede mirar el mundo, ni concebir que haya una alteridad”.
“Lo decía George Steiner, ese gran pensador de la lengua y la literatura: ‘en momentos de crisis el poema que más vale es el poema no escrito’. Los políticos han usado el lenguaje para mentir, para ocultar franjas de la realidad, pervertir la palabra y no cumplirla. Y del lado de los criminales vive el empobrecimiento total del lenguaje: si uno oye hablar al Chapo Guzmán o a cualquiera de estos imbéciles, porque no hay otra forma de llamarlos, de 100 palabras, 30 son majaderías.

Con eso no se puede mirar el mundo ni concebir que haya una alteridad”. Sin lenguaje no hay nada humano, concluye. “Se puede matar, destazar, desaparecer gente. Esto, que pasa a diario, muestra que la repercusión de la crisis de la palabra es gravísima: ya no podemos entender la sacralidad de la vida. La destrucción del lenguaje que están generando los medios de comunicación y las redes sociales es degradante.

En Internet están en el mismo rango un filósofo de la altura de Hegel y el último sitio pornográfico. Es la destrucción de órdenes jerárquicos de sentido”.

www.elfinanciero.com

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