Temáticas realistas como la violencia o la diversidad sexual perfilan nuevas narrativas del teatro para niños; un público inteligente y capaz de enfrentar sus emociones a través del drama.

El teatro infantil dejó de ser sólo un espacio fantástico para reflejar más de cerca las características e intereses de las nuevas generaciones.

“En los últimos 20 años los lenguajes y las estructuras dramatúrgicas que se dirigen a los niños han cambiado”, dice el dramaturgo Antonio Zúñiga, director del Centro Cultural Helénico.

Para el autor de La luna de pinole, la novedad está en la forma como los creadores escénicos perciben a su público. “Se los ven como espectadores inteligentes y no como audiencias a las que hay que dirigirse con cuidado pedagógico”, asegura.

Temáticas como el abuso infantil, el maltrato, el abandono, la muerte o incluso la desaparición forzada de un ser querido ocupan los textos dirigidos a los menores de edad de manera creciente.

La pionera de esta tendencia en México fue la dramaturga argentina Perla Szuchmacher, quien fundó en 1990 el Grupo 55, especializado en teatro para niños y jóvenes. Radicada en México desde 1976 hasta su muerte en 2010, Szuchmacher recibió en 2001 el Premio FILIJ de Dramaturgia por Malas palabras, un monólogo sobre la adopción.

Es autora de obras como Príncipe y príncipe, una pieza acerca de la homosexualidad que está en cartelera en el Teatro Benito Juárez; El rey que no oía, pero escuchaba, que escribió para el grupo Seña y Verbo, Teatro para Sordos; y La Lotería, que aborda el acoso escolar.

“Los niños están ávidos de emociones realmente fuertes, del aquí y ahora del teatro. El teatro, que es ficción, se ha vuelto casi más verdadero que la televisión, que presenta la vida. Pueden ver guerras en directo en la televisión, pero un bofetón sobre las tablas les deja en shock. El teatro tiene una fuerza increíble y si desestimamos esta fuerza nos estaremos equivocando”, explicó en un encuentro en Valencia en 2008.

Los recursos narrativos a nivel escénico están cambiando hacia una mayor participación de los espectadores. En este sentido, Sofía Sanz, directora de la compañía Vereda Teatro, destaca la importancia de la imaginación en un entorno dominado por la tecnología, en el que que las nuevas generaciones están inmersas. Una preocupación que está en el centro de la obra Danny y las tíasaurias, que aborda la violencia intrafamiliar.

“En esta pieza usamos un diccionario para que tanto Danny como los espectadores aprendan a ponerle nombre a sus emociones”, explica. “El reto al trabajar con títeres de cartón y papel es que hay que darle vida a los movimientos; es ahí donde involucramos al público”.

Sanz presentará este montaje dentro del 12 Gran Maratón de Teatro para Niños, Niñas y Jóvenes, que el sábado próximo ofrecerá más de 40 funciones gratuitas en los teatros del Centro Cultural del Bosque, para chicos de 4 años en adelante, con la participación de compañías especializadas, como Triciclo rojo, La máquina de Teatro y Sensacional Orquesta Lavadero.

Este maratón forma parte de la celebración del Día Mundial del Teatro para Niños y Jóvenes, que desde 2001 se celebra cada año entre el 20 y el 27 de marzo -con fechas distintas en diferentes países-, por iniciativa de la International Association of Theatre for Children and Young People, cuya sede en Copenhague, Dinamarca, lanzó la campaña Lleva a un niño al teatro, que replican más de 100 países, entre ellos México.

Otro montaje que tendrá lugar en el maratón y que también deja al descubierto el trabajo escénico es La cajonera, de La Liga-Teatro Elástico. Se trata de una obra silente en la que al abrir los cajones de un mueble salen objetos, títeres y proyecciones para recrear aventuras a través de los zapatos.

“Las nuevas tecnologías no develan los secretos de lo que se ve, por ejemplo, en la pantalla del cine; hoy las imágenes son hiperreales y es a lo que los niños están acostrumbrados. En este caso, es sorprendente que también se puedan enganchar de otra manera y descubrir que son ellos mismos quienes aportan la imaginación para el juego”, dice Jaqueline Serafín, directora de la compañía.

Detrás de estas mutaciones está el hecho de que el diálogo entre niños y adultos ya no es vertical, sostiene la subdirectora del Programa de teatro para niñas, niños y jóvenes del INBA, Lorena Abrahamsohn.

“El adulto ya no les dice cómo tienen que hablar, pensar y sentir, sino que hay un diálogo horizontal con la infancia, en el que los mayores están interesados en las preguntas de los niños, y de ese diálogo surge la magia, el sentido y buena parte de las cosas importantes que se relacionan con el arte: la belleza, la experiencia estética, la emoción y la colectividad”, dice.

Aún hay que vencer los prejuicios de los adultos que llevan a los menores al teatro, concluye Antonio Zúñiga. “Es una batalla constante, es difícil convencer a los padres de que el teatro es una herramienta de comunicación, de experiencia; hay que decirles que no sólo verán una obra bonita, sino que les dará herramientas para hablar con sus hijos, que van a llevar al niño al juego, el goce de la reflexión y a las preguntas. Ya se acabó el tiempo en el que los padres decían: ‘Vete a tu cuarto, no te voy a contestar’. Ahora es: ‘¿Qué quieres saber?, pregunta todo’. Es un cambio muy drástico”.

La realidad mexicana, con toda su dureza, cambia el imaginario infantil radicalmente.

www.elfinanciero.com

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