Uno de los superhéroes más antiguos de DC Comics entrega una, sino es que la más, divertidas cintas de superhéroes de los últimos años.

Cuando parecía que el Universo DC estaba condenado al fracaso gracias a Batman y Superman, llegaron Wonder Woman y Aquaman; a ellos se ha sumado uno de los superhéroes más viejos y no tan conocidos por las nuevas generaciones. Shazam se ha convertido en el nuevo éxito de la franquicia.

Basado en el Capitán Marvel de 1939 que después se convertiría en Shazam, la más reciente cinta del director sueco David F. Sandberg sigue las aventuras en la época actual de Billy Batson (un vivaz e ingenioso Asher Angel), un adolescente que ha rodado por una gran cantidad de familias sustitutas, lo que le ha generado su justa dosis de enojo con la vida; por azares del destino, llega con los Vásquez, su más reciente familia de acogida, donde conoce a Freddie Freeman, un chico con discapacidad.

Al defender a éste de un grupo de un grupo de bullies, es atraído por el mago Shazam (¿qué haces aquí, Djimon, no se supone que tendrías que quedarte en Marvel?), quien sólo otorga sus poderes a aquellos que demuestran la pureza de su corazón. Éstos son, a saber, las habilidades de Salomón, Hércules, Atlas, Zeus, Aquiles y Mercurio.

Es ahí donde comienza la diversión; Shazam retoma y reversiona elementos de las coming of age movies como Stand by me, Karate Kid, Big y hasta Aladdin de Disney, los mezcla con la irreverencia y jovialidad de un tal Zachary Levi para entregar un trabajo que disfrutarían tanto los millennials como los fanáticos de los superhéroes. Aquí la solemnidad brilla por su ausencia. Los superhéroes, al fin y al cabo, también quieren divertirse.

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