«Aves de Presa (y La Fabulosa Emancipación de Harley Quinn)»

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Por: Lic.Ernesto Lerma, titular de la columna y sección periodística.
Mi 8.5 de calificación al taquillero filme «Aves de Presa (y La Fabulosa Emancipación de Harley Quinn)» (Cineasta/Directora: Cathy Yan, Género Fílmico: Acción/Aventura/Comedia/Superhéroes, Año: 2020, Elenco/Reparto de Actores/Estrellas: Margot Robbie/Mary Elizabeth Winstead/Ewan McGregor/Jurnee Smollett-Bell/Rosie Pérez/Ella Jay Basco/Chris Messina, País: Estados Unidos, Nombre/Título Original: «Birds of Prey (and the Fantabulous Emancipation of One Harley Quinn)», Idioma: Inglés, Clasificación: B 15, Guionista: Christina Hodson, Duración: 109 Minutos)…Esta nueva película de DC es salvaje como muy divertida y políticamente incorrecta que se construye mirando lógicamente el modelo de referencia que son las producciones cinematográficas de Guardianes de La Galaxia junto a Deadpool, pero que nunca llega a cobrar vida propia porque en su fondo no va más allá de lo superficialidad y lo violento por su forma.
La cinta «Aves de Presa (y La Fantabulosa Emancipación de Harley Quinn)» es realmente de temática ligera en su fondo, pero muy divertida y entretenida visualmente sobrecargada en la forma con las antiheroínas que se ven lindas, derrochando antivalores en las calles de una Ciudad Gótica que es vigilada por un hombre murciélago que, en esta aventura, no aparece por ninguna parte aunque la narración es bastante refrenada dentro de la violencia coreografiada, para no sobrepasar los niveles de la censura con escenas cruentas, la directora de origen oriental Cathy Yan deja que sus muchachas cumplan con la castración simbólica de los varones, al hacer que ellas derroten categóricamente todas las hordas de pillos, reduciéndolos a inútiles alfeñiques masculinos con el empoderamiento femenino que es tan intenso que borda el cliché y los lugares comunes en los filmes de acción protagonizado por mujeres. En la sinopsis oficial de esta trama, tras los acontecimientos del filme «Suicide Squad», Harley Quinn ha dejado al Joker.
Cuando Cassandra Cain, una joven, se encuentra con un diamante que pertenece al amo del crimen Black Mask, Harley recluta a Black Canary, Huntress y Renée Montoya para ayudarla a protegerla. El carismático y llamativo personaje de Harley Quinn regresa a la gran pantalla, y esta vez no estará sola. Canario Negro, Cazadora, Renée Montoya y Cassandra Cain se unirán para terminar con el villano Máscara Negra, el cual tiene cuentas pendientes con todas ellas. Y olvidemos que existió la cinta de «Escuadrón Suicida» (2016). Si algo memorable quedó de todo aquello fue la aparición de la actriz australiana Margot Robbie encarnando a Harley Quinn convirtiéndose en el auténtico foco de atención dentro un reparto plagado de figuras masculinas mediocres. Ahora la estrella tiene la oportunidad de resarcirse y llevar a una nueva dimensión su personaje gracias a una película en la que ella es la auténtica protagonista junto a un grupo de mujeres carismáticas que la rodean para demostrar que juntas son capaces de provocar un seísmo en el cine de superhéroes. Esta producción fílmica podría funcionar perfectamente como contrapunto del «Joker» (2019) del gran actor Joaquin Phoenix. Abajo la trascendencia y larga vida al caos. ¿Acaso no ha sido esa la característica que mejor ha identificado siempre a la pareja?
La locura desbordada de la Harley Quinn de Cathy Yan se une a todos ellos. Y es que la apuesta de «Aves de Presa (y La Fantabulosa Emancipación de una Harley Quinn)» puede resumirse con una simple descripción: busca ser la Deadpool de DC. No hay mucho más en una película que, pretendiendo arreglar todos los desbarajustes de esa predecesora impresentable que fue «Escuadrón Suicida», quiere hacer foco en ese personaje un tanto sobrevalorado que es Harley Quinn, sin dejar de conservar un abordaje grupal. Lo hace contando un montón de cosas y desplegando toda clase de elementos estéticos y narrativos, aunque progresivamente se va revelando como un objeto vacuo y superficial en el que la acumulación resta. La historia es la Quinn, quien luego de ser echada a patadas por el Guasón quien convenientemente nunca aparece frente a cámara, queda a la deriva mientras la mitad de Ciudad Gótica quiere matarla; pero también la de Black Canary, Huntress y la Detective Renee Montoya, quienes terminan uniéndosele para salvar a una joven llamada Cassandra Cain de un enemigo común: Roman Sionis, alias Máscara Negra con un Ewan McGregor desatado, uno de los mafiosos más temibles y violentos de la urbe.
Ahí ya tenemos un primer gran inconveniente de la película: muchos personajes nuevos a los que explica constantemente desde la palabra pero pocas veces desde la acción, como si solo pudieran desplegar un álbum de figuras colorido pero finalmente estático, sin un pulso verdaderamente cinematográfico, aún así el ritmo y los diálogos en sus personajes son buenos.
En realidad, la película dirigida por Cathy Yan («Dead Pigs») simboliza mucho mejor el concepto de antisistema del que tanto alardeaba el filme del Guason realizado por Todd Phillips sin necesidad de utilizar mensajes subrayados, simplemente abrazando la anarquía como núcleo constitutivo, tanto a nivel ideológico como estructural, de forma que la narración adopta con orgullo la deconstrucción y la libertad creativa a través de un constante y adictivo jugueteo desquiciado en el que no hay lugar para el orden y en el que late en toda su dimensión el delirium tremens, la fantasía y los fuegos artificiales de purpurina y confeti. ¿Alguna vez has oído el del policía, el pájaro cantor, el psicópata y la princesa de la mafia? “Aves de presa (y la fantabulosa emancipación de una Harley Quinn)” es una historia retorcida contada por la propia Harley, pues sólo ella sabría contarla. Cuando el villano más nefasto y narcisista de Gotham, Roman Sionis, y su entusiasta mano derecha Zsasz, se pusieron como objetivo a una joven llamada Cass la ciudad se volcó para buscarla.
Cuando los caminos de Harley, Huntress, Black Canary y Renee Montoya convergen este insólito cuarteto no tiene más remedio que unirse para derrotar a Roman. Para los que quieran disfrutar del verdadero girl power en un espectáculo gamberro, imaginativo y colorista. Harley Quinn fue un personaje capaz de salir tan bien parado de la hecatombe que fue Escuadrón Suicida (2016) es un personaje que se ha ganado el cielo. Lo que en el idioma cinematográfico se traduce en una película propia. Hace cuatro años, la Harley Quinn de Margot Robbie y sus coletas bicolor fueron un oasis de diversión contagiosa, ternura psicótica y carisma de voz aguda entre tanto villano desaprovechado.
Aquel pastiche insalvable de antagonistas en busca de redención era hija de una DC que había dado luz meses antes al momento “Martha” de Batman vs Superman. Aves de presa, sin embargo, pertenece a la era Warner de ¡Shazam!, y eso se nota. Al filme dirigido por la casi novata Cathy Yan le sobran los ovarios que le faltaban no solo a Escuadrón Suicida, sino a muchas otras producciones de DC y Warner Bros. demasiado preocupadas por agradar al mercado con su sobredosis de intensidad y oscuridad nolanianas. La expsiquiatra pasada por residuos tóxicos, aquí soltera y más desenfrenada al no tener que preocuparse por eso de hacer ‘una película para todos los públicos’, sigue acaparando focos con Robbie, siempre entregada y magnética en una apuesta más modesta pero efectiva, y que funciona como la desquiciante mente de la protagonista y se nota que las chicas tienen el control, al frente y detrás de las cámaras. Su voz en off narra frenética, bipolar, saltando del presente al futuro para después rebobinar al pasado, intercalando rupturas de la cuarta pared, dibujos en rosa chicle y secuencias animadas.
Una ‘deadpoolada’ pasada por el ingenio de una Harley para adultos, de profesión buscadora de objetos perdidos, mercenaria, paseadora de perros, destroza-piernas su especialidad y, sobre todo, mujer superviviente en proceso de empoderamiento en un mundo de hombres. Porque Aves de presa no se conforma con ser otra película feminista más: además de abrazar la camaradería entre justicieras ninguneadas, muestra con valentía el machismo en su forma más cruda. Esta no es una producción ambiciosa, ni busca serlo. No hay reflexiones grandilocuente para que nos rebanemos los sesos, sino un relato sencillo en el mejor de los sentidos: las protagonistas, todas blanco del mismo villano, tienen que aunar fuerzas para proteger a una niña con la mano muy larga. Esa simplicidad es su baza ganadora: a falta de grupos testosterónicos, tenemos a unas aves enjauladas que gritan (mención especial para la asesina de la ballesta, alias la Cazadora, diestra en la lucha, maravillosamente inepta en las relaciones sociales); a falta de malos fuertotes, nos ponen a un maniático de la limpieza (un Ewan McGregor que lo mismo manda despellejar personas que se asusta frente a un moco); y a falta de una Gotham de batmóviles, tenemos una periferia de mercadillos, hienas llamadas Bruce, castores disecados con tutú, ataques de agraviados, y bocadillos de huevo, queso caducado y bacon lo más parecido a una historia de amor que hay en la película con los eventos que se suceden de manera caótica, peligrosamente desordenada en medio de escenas de acción que se suceden sin tregua y con respaldo de animaciones y grafías.
La anécdota que cuenta la guionista Christina Hodson («BumbleBee»), a través de la voz de la misma Harley, da saltos en el tiempo muy abruptos y repentinos que pueden desorientar al cinéfilo desprevenido. El que parpadea se pierde. Por supuesto, también hay lugar para el obvio y lógico mensaje feminista, pero sin peroratas aleccionadoras. Las mujeres de esta película luchan por liberarse de las ataduras de los hombres y del estigma de su protección con furia y atrevimiento. Y no es una batalla fácil, las estructuras sociales siguen constituyendo una barrera infranqueable, por eso la única solución es una alianza entre todas. Así, la película sigue por separado los diferentes itinerarios de cada una de ellas hasta la fusión final.
Todas se encuentran de alguna manera oprimidas por el sistema patriarcal: Canario Negro (Jurnee Smollett-Bell) tendrá que hacer frente a su jefe psicópata, Black Mask (un Ewan McGregor que recupera de forma gloriosa su registro más gamberro), Renée Montoya (Rosie Perez) nunca es reconocida en el cuerpo de policía al que pertenece quedándose con sus méritos sus compañeros hombres, mientras que La Cazadora (Mary Elizabeth Winstead) ha tomado el camino de la venganza desde que una organización de mafiosos asesinara a su familia (atención al flash back tarantiniano). En cuanto a Harley, tendrá que demostrar que no necesita estar al amparo del Joker para salir adelante por sí misma logrando emancipar finalmente a la figura femenina en una industria hollywoodense que no les había permitido brillar en el cine de acción. Finalmente, DC y Warner Bros. descubrieron la razón principal de esos grandes fracasos cinematográficos que tuvo en el pasado con su saga de superhéroes en el espíritu trasgresor de sus personajes que no pueden filmarse en películas de superhéroes masticadas y fáciles de digerir.
Las historias de todos ellos pueden y deben retar a los espectadores ya que lo único que el estudio cinematográfico debe hacer es dejarlos en libertad para que exploren lugares a donde otros no se han atrevido a llegar. Quizás el gran problema de fondo del film de Cathy Yan sea ese intento por ser una reversión de Deadpool pero en clave femenina y feminista, con buena parte de la mitología de DC como base. Si ya la primera película de Marvel con Ryan Reynolds en 2016 era una acumulación algo cansadora de guiños, canchereadas y chistes autoconscientes, donde la narración quedaba casi anulada en favor de la pose constante –aunque había una violenta energía que la salvaba de sus numerosos baches-, lo de Aves de presa es una repetición de ese esquema sin ninguna vuelta de tuerca que la haga mínimamente original. La voz over de Harley Quinn va pautando todo lo que pasa, hay un montón de idas y vueltas temporales, mucho colorinche, un montaje algo frenético, bastante sarcasmo, una banda sonora ciertamente gritona, unas cuantas puteadas y algo de humor físico, pero sin un propósito real y concreto.
Tanto el guión de Christina Hodson como la puesta en escena de Yan son un permanente barajar y dar de nuevo, un arrojar ideas en la pantalla sin una verdadera direccionalidad, contando muchas cosas y a la vez ninguna, porque en el fondo no se anima a ir a fondo con ninguno de sus puntos de partida. Es cierto que «Aves de Presa» es un filme algo más coherente que ese caos narrativo y estético que era «Escuadrón Suicida», cuya pretensión fallida era convertirse en el equivalente a Guardianes de la Galaxia pero en el Universo Extendido de DC. Pero lo logra al precio de ser una cinta donde prevalece un desorden calculado y artificial, donde las protagonistas se la pasan hablan de ser libres y tomar el mando de sus vidas, de emprender caminos propios, de romper los esquemas, mientras se conducen de manera extremadamente previsible.
En Aves de presa no hay sorpresas ni creatividad, solo un ejercicio de autoindulgencia que no llega a irritar porque todo pasa tan rápido que ni siquiera permite la elaboración de sensaciones. Si DC, con las producciones fílmicas de «Aquaman» (2018) y «Shazam!» (2019), venían amagando con crear algo propio y sin ataduras, aquí vuelve a retroceder al cálculo y la copia. Aun así es un filme muy divertido/entretenido.
Mi 8.5 de calificación a esta a narración que puede pecar de irregular y muchos personajes no terminan de estar a la altura de Harley, que eclipsa incluso cuando no está en pantalla la directora de origen chino Cathy Yan ingresa a las ligas mayores con una producción en la que ellas tienen el control, el destino y la voluntad para destruir todo. Y, por supuesto, las guerreras que lanza a la arena saben muy bien cómo patear traseros. Algunos también echarán de menos un clímax final apoteósico, imprescindible en el cine reciente de superhéroes. Harley acaba de terminar su tóxica relación con Joker y está desolada. Anarquista por naturaleza, no sabe qué hacer con su vida.
Está como una mascota sin dueño. Psicóloga de profesión y desahuciada por la sociedad, se evade en una catarsis de violencia y disipación sin sentido. Hasta que entra en su vida una niña, a la que debe proteger del malvado Roman Sionis (Ewan McGregor), que la busca, porque lleva en ella la clave para obtener una fortuna que le ayudará a controlar Ciudad Gótica. McGregor, con su doble personalidad de Máscara Negra, es un empresario de un club nocturno sanguinario que sustituye muy bien al mismo Joker, como el varón encargado de las excentricidades sádicas.
Con todo el elenco y reparto que están sobreactuados pero que en esta historia lo demanda. Harley, de comportamiento descontrolado vive en un universo paralelo, en el que es inconsciente del peligro y de la destrucción que provoca. Todo el daño lo ocasiona con una sonrisa insana. Pero igual está Roman, que se convierte en una caricatura, atrapado por la neurosis. O eso hemos creído hasta que hemos visto a Harley hacerse con el control en una comisaría con munición de confeti y gases rosas y azules; y el filme nos ha hecho partícipes de varias peleas cuerpo a cuerpo coordinadas por Chad Stahelski, director de «John Wick» por una feria de atracciones, entre mazos, patines, planos secuencia falseados y cámara a ras del suelo. Aves de presa es tan esquizofrénicamente entretenida, desatada, algo inestable, cómica y arriesgada como su protagonista, una película vestida con chaquetas de serpentinas, pintada en colores flúor, que celebra la sororidad y suena a Billie Eilish. La extravagancia visual y ultracafeinada de la encargada del nuevo proyecto de DC se desborda en un ejercicio de estilo visual que, en muchos momentos, se superpone a las interpretaciones, ya de por sí coloridas y flamboyantes, de la sicópata adorable Harley Quinn y su equipo de asesinas, todas singulares, todas outsiders, que conforman un grupo genial que tiene como objetivo eliminar varones.
Pero, sobre todo y pese a sus defectos, es ella, Harley Quinn/Margot Robbie, una guerrera, maravillosamente ingenua y peligrosa, de profesión buscadora de objetos perdidos, mercenaria, paseadora de perros y la antiheroína de la que siempre querremos ver más. Sin embargo, al final, consigue mantener la anécdota coherente hasta llegar a un final cargado de golpes y disparos, muy satisfactorio, de acuerdo al tono fantástico de cómic. Aunque ya ha demostrado su solvencia frente a la cámara, esta interpretación gradúa a Robbie como protagonista, al soportar todo el peso de la producción. DC ya tiene su nueva franquicia, con un personaje principal atractivo, taquillero y que puede expresarse en una amplia gama de emociones e intensidades. se asemeja a un espectáculo de feria de hecho, una de sus set-pièces más brillantes se desarrolla en ese escenario en el que hay lugar para las acrobacias, los saltos mortales, las payasadas y la exhibición ilusionista de luz y color. Es una función de circo pop autoconsciente y que tiene la virtud de amoldarse mejor que cualquier película en mucho tiempo al lenguaje de los cómics, utilizando el vehículo del mainstream para inocular la semilla de la locura. Visto lo mejor que fue el que Margot Robbie haya entendido tan bien el espíritu chiflado de su personaje. Pero con lo peor de que no se entienda su verdadero carácter incendiario.
Por fin Gotham City tiene ovarios, tiene risas de hiena y tiene aves empoderadas. La Harley Quinn emancipada de esta cinta es la mejor Harley del universo fílmico de DC y Warner Bros, ahora a esperar a que aparezca en la esperada producción fílmica del «Escuadrón Suicida».
Lic.Ernesto Lerma, titular de la sección y columna periodística.

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