Desde que inició la crisis sanitaria por el Covid-19, el organismo a cargo de la doctora María Elena Álvarez Buylla ha lanzado medidas tardías y poco claras, en las que no contempla la participación de la mayoría de los investigadores

La ciencia ha sido, por décadas, uno de los más grandes apoyos para mantener a salvo la vida de las personas, y en momentos de crisis como la actual, en la que el coronavirus ha dejado a más de 10 mil personas sin vida en el país, no se esperaría menos de quienes representan ese sector. En México, ha sido el Consejo Nacional de Ciencia y Tecnología (Conacyt) el organismo encargado de auxiliar a las autoridades federales para sobrellevar la pandemia provocada por el Covid-19, o eso es lo que ha intentado hacer en los últimos tres meses la administración de la doctora María Elena Álvarez-Buylla.

Fue el pasado 3 de abril, a través del comunicado “Acciones del Conacyt para combatir al Covid-19” que se informó sobre el diseño de herramientas de ciencia de datos e inteligencia artificial, la producción de gel sanitizante para hospitales públicos, el diseño de manufactura de respiradores para enfermos en estado crítico, el desarrollo de sensores y kits de diagnóstico y la participación de ensayos clínicos para determinar la efectividad de tratamientos de algunos fármacos, entre otras acciones de corto, mediano y largo plazo.

Un mes y medio después de dicho oficio, fue la doctora Álvarez-Buylla quien, en conferencia con los miembros de la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados, volvió a enfatizar las acciones que ha tenido el Conacyt ante la pandemia por Covid-19, entre las que se destaca el desarrollo de modelos matemáticos para entender la dinámica del virus.

“Ese sistema no es sofisticado y tampoco ha dado ningún tipo de resultados adecuados, porque es demasiado simple y las fechas en las que ha pronosticado las picos no se han cumplido”, critica el investigador de la UNAM José Franco.

Respecto a la primera aparición del Consejo Nacional, tanto Alma Maldonado, investigadora del Centro de Investigación y de Estudios Avanzados (Cinvestav), como Martín Bonfil, académico en la Dirección General de Divulgación de la Ciencia de la UNAM, recalcan que fue muy tardía y con poco valor.

Para la doctora Maldonado, se esperaba que desde que se confirmó que el virus llegaría al país, el organismo científico y tecnológico lanzara apoyos para proyectos emergentes que pudieran solucionar el tema de la pandemia y, por otra parte, que hubiera difusión sobre lo que provoca el virus.

“Gran parte de las personas que integramos a la comunidad científica del país lamentamos que el Conacyt haya perdido esa oportunidad de ser mucho más eficaz en la comunicación sobre lo que la ciencia puede aportar y hacer ante situaciones como estas”, añade Maldonado.

Asimismo, la también investigadora recalca que, una vez que el Conacyt comenzó a tomar cartas en el asunto, lanzando convocatorias de cooperación a diferentes especialistas, desde expertos en ciencia de datos hasta matemáticos, perdió la oportunidad de ampliar dicha solicitud.

De acuerdo con la doctora Alma, pudieron ser muchos más los científicos e investigadores quienes participaran en los programas y convocatorias del organismo, y no sólo dejarlo en manos de los académicos más cercanos al Consejo Nacional.

“Estamos viviendo una crisis sin precedentes, necesitamos a un Conacyt que convoque, no que divida”, asegura Maldonado.

Para José Franco, lo que se ve es una falta de coordinación, en donde Conacyt debería de estar trabajando de una manera un poco más intensa y precisa con la Secretaría de Salud para entender los problemas múltiples que tiene esta situación para el país.

VENTILADORES, EL TEMA EN DISCORDIA

En el informe que la doctora Álvarez-Buylla presentó ante los miembros de la Comisión de Ciencia y Tecnología de la Cámara de Diputados se enfatiza que el diseño y manufactura de respiradores con tecnología cien por ciento mexicana es una de sus acciones a cumplir frente a la pandemia.

Fue el pasado 23 de abril que la investigadora confirmó, en conferencia de prensa, que los ventiladores se terminarían de construir el 15 de mayo; sin embargo, no sucedió. El 28 de mayo, Álvarez-Buylla dijo que para esa primera fecha apenas se comenzaría la fabricación de los equipos.

Ante la diferencia de comentarios, Martín Bonfil señala que eso lo único que provoca es la confusión de los ciudadanos mexicanos y la pérdida de respeto que se tenía en la comunidad científica.

“La imagen que en estos momentos da el Coancyt frente a los ciudadanos mexicanos es que no cumple, lo que desacredita el papel que este organismo ha tenido frente a la pandemia”, detalla Bonfil.

Para la doctora Alma Maldonado, el que Álvarez-Buylla haya desmentido lo que anteriormente había declarado hizo que se viera en ridículo, pues fue incapaz de reconocer lo que había prometido.

De acuerdo con Maldonado, lo que se debió haber mencionado desde un inicio fue aclarar que la construcción de ventiladores no es una tarea sencilla, por lo cual se tomarían el tiempo necesario para su realización; sin embargo, no sucedió así.

Y aunque Bonfil sugiere que la administración del Conacyt podría aceptar que tomó malas decisiones durante la pandemia, “conociendo a la doctora Álvarez-Buylla, es probable que ella insista, como lo hace el presidente de la República, que se han tomado las mejores decisiones, cuando sabemos que no”.

‘CONACYT TIENE EL PODER, PERO NO LA AUTORIDAD’

Para el doctor José Franco, investigador de la UNAM, cuando la crisis sanitaria llegó a México, el Conacyt estuvo parado y reaccionó cuando la pandemia ya estaba avanzando en el país, pero lo hizo con una serie de promesas, como la de los ventiladores, que no ha cumplido. Así que la califica de tardía y engañosa.

“Llama la atención que la Secretaría de la Función Pública no le pida cuentas ni que asuma el compromiso que hizo Conacyt enfrente del presidente y de todo el país para tener insumos, como los ventiladores, en fechas específicas, considera el doctor en Física.

Para el doctor Antonio Lazcano, investigador del Cinvestav y miembro de El Colegio Nacional, desde que la doctora María Elena Álvarez-Buylla tomó la dirección general del Conacyt, se ha dedicado a intentar centralizar todas las decisiones, lo cual es un error terrible.

“Lo que quiere llegar a hacer ella es a controlar la ciencia; la doctora María Elena Álvarez-Buylla puede tener el poder, pero desde hace mucho perdió la autoridad, eso es importante hacerlo notar”, indica el biólogo.

En momentos, comenta Lazcano, las acciones de la directora general del Conacyt le recuerdan a aquella caricatura de “El Coyote y El correcaminos”, donde todo lo que intentaba el primero fallaba.

“Intentó sacarme de las comisiones dictaminatorias y falló legalmente; intentó que la gente diera dinero o cooperara con la pandemia, cosa que muchos investigadores ya estaban haciendo desde antes que el problema se presentara en México, y recibió una reprimenda del presidente que le dijo que no hicieran ese tipo de cosas; cuanta cosa intenta le falla”, asegura el investigador del Cinvestav.

La comunidad científica también le reclama a María Elena Álvarez-Buylla que se ha negado a abrirse a las opiniones de otros grupos de investigadores, por lo que ha mostrado que carece del conocimiento y la capacidad para poder dar una opinión adecuada sobre todos los temas.

“Se han dedicado a lanzar acusaciones que nunca han demostrado, por ejemplo, cuando dijo del megafraude que era mayor al de Rosario Robles, pero nunca lo demostró. A mí me acusó de traición a la patria y me dio un ataque de risa, ella lo que hace es esto que se llamaban intentos de muerte civil y condena moral”, señala Lazcano.

Los investigadores afirman que Álvarez-Buylla nunca ha sido su representante, ya que sólo es una funcionaria de alto nivel con un poder que le fue otorgado por el presidente de la República, pero que debe ser cuestionado

Para mí ha sido una sorpresa descubrir esta parte autoritaria de la doctora María Elena Álvarez-Buylla, yo la conozco desde hace muchísimos años, desde hace varias décadas, aprecio su trabajo como investigadora, ha tenido aciertos excepcionales como ecóloga, pero ahora está teniendo fracasos estrepitosos como funcionaria”, indica el miembro de El Colegio Nacional.

Los científicos coinciden en que el adjetivo que califica mejor las acciones del Conacyt frente a la pandemia es “patético”, y si hubiera que buscar un sentido de oportunidad dirían que va a destiempo de todo. En realidad, dicen, debió haber funcionado como un polo para unificar los esfuerzos de los investigadores para dar apoyo a proyectos que ya existían.

“En lugar de defender los recortes en ciencia se queda callada, pero no sólo se queda callada, sino que aplaude, hace esfuerzos patéticos por quedar bien con su jefe cuando no se da cuenta que eso en ciencia no es lo que se necesita”, opina Lazcano.

Para José Franco, la tragedia más grande que tiene la ciencia en México es que el “nuevo Conacyt” lejos de resolver los problemas, ha estado desmantelando a los pocos grupos de investigación y ha estado inhabilitando la poca infraestructura que había.

“La comunidad científica ve a Conacyt no como un obstáculo, sino como un veneno para la ciencia”, afirma Franco.

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