Dos astrofísicos de la Universidad de Arizona, determinaron cuál es el origen de Oumuamua, un objeto parecido a un cometa que llegó al sistema solar en 2017.

En 2017, un grupo de astrónomos descubrieron mediante el telescopio Pan-STARRS ubicado en Hawái, un objeto más allá del sistema solar con características poco comunes. Aunque tenía rasgos de parecer un cometa porque se movía muy rápido, carecía de la cola que caracteriza a estos objetos. Los científicos lo bautizaron como Oumuamua, que en hawaiano, significa mensajero.

Aquel mismo año, un astrónomo de la Universidad de Harvard, Abraham Loeb, llegó a asegurar que Oumuamua (que tiene la forma de un misil) era una nave construida por una civilización extraterrestre. Inclusive, en enero de 2021, Loeb publicó un libro con el que defiende sus teorías titulado Extraterrestrial: The First Sign of Intelligent Life Beyond Earth. El texto ya circula en México bajo el sello de editorial Planeta con el nombre de Extraterrestre: la humanidad ante el primer signo de vida inteligente más allá de la Tierra.

Sin embargo, desde el primer momento las ideas de Loeb resultaron controvertidas para la comunidad científica que aún las ve con escepticismo, ya que se afirma que el profesor de Harvard carece de pruebas sobre lo que afirma.

Carl Sagan, el famoso divulgador y astrónomo estadounidense, decía que “las afirmaciones extraordinarias requieren de pruebas extraordinarias”. Por ello, una explicación basada en pruebas científicas, que quizá no es tan extraordinaria como la que propone Loeb, pero que sí podría estar más apegada a la verdad, la ofrecen dos astrofísicos de la Universidad Estatal de Arizona: Steven Desch y Alan Jackson.

Ellos proponen que, en términos de velocidad, Oumuamua entró al sistema solar a una velocidad un poco menor de lo que se esperaba, lo que indica que no había viajado por el espacio interestelar durante más de mil millones de años como se especuló. En lo que respecta a su tamaño, su forma casi plana resultó ser mucho más aplanada respecto a otros objetos del sistema solar.

También observaron que Oumuamua tuvo un ligero empujón que lo llevó a alejarse del Sol. A este fenómeno se le llama “efecto cohete” y es común en los cometas cuando la luz solar vaporiza los hielos de los que están compuestos. La vaporización también les otorga velocidad. En el caso de Oumuamua, el impulso o empuje fue mucho más fuerte de lo esperado.

Finalmente, también llegaron a la conclusión de que tenía las características de un cometa (en cuanto a trayectoria se refiere) pero a la vez era muy diferente.

A partir de estos hechos, Desch y Jackson plantearon la hipótesis de que Oumuamua está hecho, en realidad, de diferentes tipos de hielos. Entonces calcularon la rapidez con las que estos hielos se sublimaban. La sublimación se produce cuando un objeto pasa de un estado sólido a uno gaseoso sin pasar por el estado líquido debido a la acción que produce el calor y la temperatura.

A partir de esta información calcularon el “efecto cohete”, la masa, y los reflejos que producían los hielos cuando las ondas de luz del Sol lo golpearon.

Y con todo esto llegaron a dos conclusiones:

  1. Que un trozo de hielo produce mucho más reflejos de lo que se esperaba, lo que supone que, en realidad, Oumuamua podría ser más pequeño de lo que se creía producto, precisamente, del “efecto cohete”.
  2. El mismo “efecto cohete” le daría a Oumuamua un empujón más grande de lo que suelen experimentar los cometas.

Los investigadores también hallaron en Oumuamua un tipo de hielo, nitrógeno sólido, que proporcionó una coincidencia exacta con todas las características de los cometas. Y, dado que también es posible observar hielo de nitrógeno sólido en la superficie de Plutón, es probable que Oumuamua sea parecido a un cometa y similar a objetos con las características de Plutón.

Posteriormente, calcularon la velocidad a la que los trozos de hielo de nitrógeno sólido se habrían desprendido en cuerpos similares a Plutón cuando se formó el sistema solar. Tiempo después, analizaron la probabilidad que habría de que trozos de hielo de nitrógeno sólido de otros sistemas planetarios llegaran al nuestro.

Y la probabilidad de que Oumuamua hubiese llegado de otro sistema planetario es alta. Lo que no sé sabe con certeza es qué fue aquello que lo expulsó de su sistema planetario ni mucho menos de qué sistema provino. Ello requiere de una investigación más profunda.

Pero, ¿por qué Oumuamua tiene esa forma tan inusual que se sale de lo establecido?

Según Desch y Jackson, el hecho de que esté compuesto de nitrógeno sólido congelado, explicaría su forma irregular, ya que las capaz externas de hielo de nitrógeno se evaporaron paulatinamente y la forma del objeto se habría hecho progresivamente más aplanada. Lo que no dejan muy en claro, es qué fue aquello que produjo el aplanamiento en el camino que hizo desde su sistema planetario hacia el nuestro. Si fue por la interacción con el viento solar cuando poco a poco se fue acercando a éste, o bien porque desde su origen, desde que salió de su sistema planetario original, ya estaba aplanado.

Si pudiésemos encontrar un paralelismo entre Oumuamua y otros objetos interestelares, tal vez el referente más actual del que tenemos noticia sea el cometa Borisov. Éste fue descubierto en 2019 por Gennady Borisov, un astrónomo aficionado de Ucrania. Más tarde, un equipo de astrónomos dirigió la lente del Very Large Telescope hacia dicho cometa para estudiarlo y confirmar su existencia.

Justamente hace unos días, el 30 de marzo, un estudio publicado en la revista Nature Communcation -que se basa en las observaciones del Very Large Telescope- apunta a que este cometa tiene unos 4,500 millones de años. Debido a que Borisov se encuentra prácticamente intacto en lo que respecta a su composición, los científicos creen que es el objeto con mayor pureza que jamás se haya encontrado. También se planteó la posibilidad de que el gas y el polvo del que está conformado dé pistas sobre los orígenes del gas y el polvo que existían cuando se originó el sistema solar.

Respecto a Oumuamua, está claro que no es un cometa pero tampoco una nave extraterrestre. Sus características y su origen poseen una explicación mucho más racional y menos romántica que las afirmaciones que plantea Abraham Loeb. Las de éste, parecen sacadas más bien de una novela de ciencia ficción que de un hecho al que finalmente se le encontró una explicación científica.

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